jueves, enero 31, 2013

Fugitivo

Soy un fugitivo eterno.

En vano han intentado darme caza
los remordimientos y sus ladridos
las añoranzas y sus celadas.

Me agazapo en el recuerdo
de los celadores que he burlado
hasta encontrar el promisorio claro
de una nueva huida.

lunes, enero 02, 2012

Culpable

No ha sido el mar de lágrimas
que parieron tus ojos.

Ni siquiera tu voz rogándome
que no sea malo.

No ha sido el remordimiento
hambriento de mi tripa.

Ni tampoco el asqueroso reflejo
en mi espejo.

Ha sido la maldita certeza
de que lo volvería a hacer.

(Lo que me ha aniquilado)

lunes, agosto 08, 2011

Arcada

Sólo el Superba habrá quedado en pie
cuando todo lo demás sucumba
al diluvio de nuestros adioses.

Carne sangrante anestesiada.
Mozos solícitos.
Botellas llenas, ilusiones vacías.

Esfuerzo inútil que es preludio
de una arcada silenciosa
para vomitar el corazón.

lunes, diciembre 13, 2010

Retiro

Quisiera regalarte niña
un último verso.

Pero tú me lo impides
al hacerme vivir.

Pues yo solo escribo
cuando estoy muriendo.

jueves, agosto 05, 2010

Trujillo

A la azotea del hotel El Brujo
ha llegado una brisa amable pero extraña,
mientras las luces del cerro Cabra titilan burlonas
y yo trato de adivinar los pasos de tu infancia.

Noche trujillana en blanco oscuro
has caído sin avisar y sin estrellas
en el enorme ruido de este centro tan pequeño
que hace más pétrea la soledad
del héroe vencido del Jirón Independencia.

Un perro ladra en el colegio San Juan
sin que se inmuten sus pabellones desolados,
ni sus árboles fantasmales, ni sus patios vacíos,
tan inútiles como este esfuerzo mío
por descubrir un rastro que no has dejado.

No te hallaré en el paisaje difuminado,
ni escondida en estas horas,
como una adivinanza de lejanías
que me ha dejado muriendo un poco
en esta ciudad en la que naciste.

miércoles, junio 30, 2010

El último invierno

El último invierno asomó
con una pequeña garúa
que ha empezado a borrar
los últimos recuerdos tuyos
aún dibujados en el malecón.

El sol ha muerto mil veces
desde que te fuiste.

Mil veces lo he visto
agonizando en rojo
con estos ojos
tan ciegos de ti.

Será que estás
en Madrid, en Roma o en Rabat
y sentada conmigo, al mismo tiempo,
en el inevitable reptar de esta noche
que se lleva para siempre
a la Lima de los dos.

miércoles, mayo 12, 2010

Encuentro

Esta noche mis brazos
se extenderán más allá
del horizonte que dejaste
y apartarán, ansiosos,
ese inmenso estorbo
al que llaman océano
para rodear tu cintura.

Llegaré hasta ti
para redescubrir
que no existe más cielo
que aquel escondido
entre tus piernas
y abriré mi boca
para saciar esta sed
ávida de tu diluvio.

Renaceré en esa lluvia,
que en tus sueños
diluyó la distancia,
y estaré allí contigo
aunque tú despiertes sola.

jueves, abril 22, 2010

Hadas esquivas

La madrugada ha llegado
susurrando un cuento
de hadas esquivas.

La narración perpetua
de cada palmo ausente
de tu cuerpo en ultramar.

Esas aguas oscuras
donde se ahogaron
todas las lunas nuevas.

No queda sino la estrella
que titila una nostalgia
del color de tus ojos.

Astro solitario que anhela
un final para esta noche
que no terminará al amanecer.

viernes, marzo 19, 2010

El petirrojo

Regresó por última vez
aquel pequeño petirrojo
que solía tocar los vidrios
de la ventanita azul.

Me ha traído en su pico
un mendrugo de sonrisa
con que tragar amores.

Su canto cristalino
calló por un instante
este silencio empeñado
en traerme tu voz.

Bendita epifanía
que echó a andar
el calendario inmóvil
de estos días sin ti.

Frágil petirrojo
ha emprendido vuelo
en palabras aladas
que se van perdiendo
en el cielo de tu olvido.

domingo, marzo 14, 2010

Alguna noche

Habrá una noche
que no se perderá
en los desvaríos
del olvido forzoso.

Colmada de ayer,
la brisa se colará
por la ventana
de tu nostalgia.

Anónima y silente,
huirá una lágrima
por tu mejilla ajena
hacia un dolor tan propio.

Soñarás un sueño
que no recordarás
cuando se abran
tus ojos escampados.

Y habrá amanecido
otra vez tu vida
y te imaginaré feliz
mientras anochece la mía.

lunes, febrero 22, 2010

Iberia-6658

Tu voz huye sin tregua
de esta esperanza
en luna menguante.

Memorias futuras
se marchitan de pasado
en la amarilla soledad
de un tulipán de aeropuerto.

Se ha fundido tu esencia
en un adiós a medias,
en estas ansias que acarician
tus palabras apuradas.

Mi alma se ha quedado
en un abrazo de despedida,
en esta amarga premonición
de que pronto seré un recuerdo.

jueves, enero 28, 2010

Íncubo

Tesoro esquivo
en mi boca
de tu sexo
el sabor.

Ansiedad de ti,
el deseo,
del dolor,
ha renacido.

Ahora mismo
y más tarde,
indefectiblemente,
te imagino.

Y me doy cuenta,
congelado de ausencia,
que no hay fuego en el infierno.

martes, enero 05, 2010

Asesino confeso

Mi tristeza alcanzó,
silenciosa,
tu hermoso bullicio.

Y calló para siempre
lo que no me dijiste nunca.

Has muerto
como una flor inocente
bajo mis zapatos.

Asesiné tu primavera
con el invierno de mi demencia.

Huiré entre tus pétalos secos,
sobreviviré
entre mis letras muertas.

martes, septiembre 22, 2009

Identidad

Soy una adivinanza agridulce,
aquello que jamás confesaste
y que sólo susurraron tus ojos.

Un suspiro sordo
que se perdió en algún lugar
entre tu corazón y tu garganta.

Un inventor de horas
para salvar aquellas perdidas
en los embustes del tiempo traidor.

Un ingenuo ladrón
que quiso robar tu tristeza
para llevarla, lejos, a vivir conmigo.

viernes, septiembre 11, 2009

Felices 50

Prokopienko:

El timbre del teléfono no deja de sonar. Mi hermano no se resigna a dejarme cumplir mi promesa de pasar solo mi cumpleaños número cincuenta. Como sabes, hace un año que se fue la vieja y yo estoy un poco desorientado. O muy desorientado. Y es que hace una década cumplo la misma rutina. Al principio las muchachas se sorprendían. Luego ya no. Creo que no es muy común que el cliente les pida que lleven una torta. Ya me he comido la mitad del pastel selva negra que me trajo una piurana. Se nota que recién ha llegado a Lima tu paisana. Me cantó el Happy Birthday con un dejo que me hizo recordar a Octavio. Ese Octavio, lo más asemejado a un piajeno que haya conocido. Por lo típicamente piurano y por lo dominado por la libido que siempre se mostraba. Bueno, la jovencita terminó de cantar y me ayudó a soplar las velas. Me sorprendió la naturalidad con la que actuaba. Carajo, debo estar envejeciendo. Por un momento no pude evitar sentirme su padre. No sabía si quitarle la ropa o servirle un trozo de pastel y darle una cajita con sorpresas. Una década haciendo lo mismo, Prokopienko, y ahora no sé lo que estoy haciendo. Pastel con prostitutas la víspera y pastel el día de mi cumpleaños con la vieja. Y ahora la vieja ya no está. Y el teléfono sigue sonando. Y yo sigo sin contestar. Sólo me quedo mirando el pastel a medio comer al costado de mi cama de plaza y media. Mirando los papeles que me han acompañado toda la vida: sonetos plagados de malas rimas y notificaciones de embargo. ¿Recuerdas cuando hace veinticinco años te dije que ya no me importaba nada porque sabía que hiciera lo que hiciese nunca sería feliz? Espero que esa teoría haya funcionado para ti, mi querido amigo. Por mi parte, voy a llamar a la piurana nuevamente.

Un abrazo.

jueves, agosto 20, 2009

Pensando en el micro sobre lo macro

Dime dónde está la anunciada bonanza
si seguimos comiendo una vez al día,
me ha preguntado mi lánguida panza
al escuchar al ministro de economía.

Las inversiones y el comercio han crecido
informan analistas y bancos de inversión
aunque, que este servidor haya sabido,
ninguno de ellos ha pasado por mi callejón.

Si hasta nos llaman, los especialistas,
"el nuevo milagro económico de la región",
yo les recomendaría visitar un oculista
¡acá el milagro es no morirse de inanición!

lunes, agosto 10, 2009

El inventor de búsquedas

Me gusta buscarte
con la certeza
de que no voy a encontrarte.

Saber que eres,
apenas,un aroma
que se desvanece
en la memoria de lo no vivido.

Una palabra que inventé
para este silencio pernicioso.
Malabarismo de la imaginación,
una llamada perdida.

Eres como esta flor amarilla
en esta mesa para uno.
En esta vida para uno.

Quizá, algún día imaginario,
te regale esa flor,
si es que mi imaginación
no se ha marchitado todavía.

jueves, marzo 22, 2007

Desde el paradero

El amor es un ómnibus que se pasa de largo y te deja sentado en el paradero, esperando al siguiente, sin saber que ése era el último.

miércoles, marzo 14, 2007

Porthos

Me dicen que te has muerto, pero creo que no tienen razón. Todavía puedo escuchar tus patas atolondradas bajando las escaleras y tus ladridos cuando suena el timbre. Como lo hago desde hace diez años, todavía levanto los cojines de los muebles para que tú, pendenciero, no te eches a dormir en el juego de sala de la vieja. Aún siento que llegarás a saludarme en medio de la madrugada, entre dormido y despierto, al sentirme llegar a casa, tarde, como siempre. Anoche hasta escuché como roncabas debajo de mi cama. Bajé la mano para acariciar tu cabezota, pero sólo sentí el frío del piso que me hizo recordar que cuando un tumor hace metástasis en el cuello de un perro cualquier esfuerzo es inútil. Y me volví a dormir. Quizá para no llorar, quizá para poder acariciarte en un sueño. Un sueño que me diga que es mentira que estás enterrado en mi jardín.



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domingo, enero 07, 2007

La mariposa de Torrico

No tengo un duro que me alumbre
confesé a la mariposa coqueta
que ofreció borrar mi pesadumbre
en alguna habitación discreta.

Qué pena guapo, será otro día
me dijo con fingida aflicción
mientras a mí se me encogía
el ánimo debajo del pantalón.

Y voló en busca de mejor postor
alguno con costumbres de califa,
no le importaba la edad o el color,
sólo que le alcanzara para la tarifa.

La culpa no es mía, es del banquero,
rumiaba con mi orgullo deshecho,
cuando apareció el pendenciero
que se llevó la mariposa al lecho.

Me marché a buscar mejor suerte,
pero Dios no recuerda que existo,
terminé en un bar de mala muerte
chupando con el gordo Calixto.

Y me fui otra vez borracho a la cama
con la esperanza de soñar que era rico,
entre los califas el de mayor fama,
y que volaba con la mariposa de Torrico.

domingo, noviembre 19, 2006

¿Dónde estás corazón?

Para ser sincero, su música nunca me gustó mucho, por no decir nada. En más de una ocasión sus gallos y letritas de colegiala me sacaron de mis casillas, sobre todo en esas épocas en que las radios repetían sus primeras canciones cada cinco minutos. Sin embargo, la jovencita colombiana, que en ese entonces se abría paso en el mundo de la música, me agradaba mucho por la naturalidad que proyectaba. Estaba tan lejos del vacío y plástico estilo prefabricado de las divas y tan próxima al carisma y sencillez de la chica que le presentarías a tu mamá, que la sentía cercana, terrena. Hasta que un día esa chiquita de hermoso cabello azabache conoció a un tal Estefan y nunca más se supo de ella. Su lugar fue ocupado por una blonda megaestrella que canta en inglés, habla en inglés y hasta agradece en inglés premios latinos. Que pide helicópteros para transportar su cuerpo perfecto, con abdominales perfectos y trasero perfecto, hasta el lugar donde la esperarán miles de gentes que pagarán miles de dólares para escucharla interpretando en spanglish un esperpento tan horriblemente comercial que hasta hace añorar sus letritas de colegiala. Yo prefiero quedarme en el pasado… cuando sus caderas en realidad no mentían.

martes, octubre 10, 2006

Detrás de los viñedos

No veía a Mocho desde hace más de diez años, desde las épocas en las que era el más pendejo del colegio. Lo encontré sin afeitar y un poco barrigón. Usaba las chancletas domingueras mordisqueadas por el perro y la vieja camiseta de un equipo de fulbito al que el altar y la paternidad fueron dejando poco a poco sin jugadores. Sus hijos le jalaban los brazos casi hasta tocar el suelo, mientras corrían hacia el parque, con la excitación que sólo un niño puede sentir un domingo a las nueve de la mañana. Me puse a mirarlo de lejos. Se moría de risa correteando a su prole. Hacía payasadas. Era un niño más en medio de sus hijos. Como en las épocas en que no había barriga, ni hijos, ni siquiera parque, sólo un terreno baldío que había formado parte de una de las grandes haciendas vitivinícolas de Surco y de la que apenas sobrevivían unos viñedos que, junto a algunos árboles y arbustos, se resistían a su inexorable desaparición en las fauces del crecimiento urbano.

En el mismo lugar donde hoy juega con sus niños, pero hace quince años, fue donde Mocho y este servidor se tomaron la primera cerveza de sus vidas. Me acuerdo que fue Mocho el que la compró. "Es para mi papá, señora", afirmó sin inmutarse mientras le entregaba a la tía nuestras propinas de varios días y yo me orinaba de miedo a su costado. Recuerdo que casi le arranchamos la botella de las manos a la tía y corrimos hasta los viñedos, la abrimos con el destapador que había sacado de su cocina y nos la tomamos a pico. No nos gustó, pero hicimos lo mismo durante años amparados entre el follaje que nos rodeaba. "Mi papá tiene sed", decía él cuando quería tomar, nos cagábamos de risa e íbamos donde la tía. Un día Mocho tomó más de la cuenta y me contó de su viejo. Se llevaban hasta las huevas. Creo que el tío le daba mucho al trago y se le pasaba la mano con la correa al tratar de enderezar al más pendejo del colegio. Mocho se puso a llorar y me juró que a sus hijos no los iba a tratar así jamás. Después vomitó todo lo que había almorzado ese día y se quedó dormido. Me quedé con él. Se despertó cuando ya habían pasado varias horas de mi límite de permiso. Cuando llegué a mi casa, mi viejo me gritó hasta quedarse afónico. Pero yo sólo podía pensar en el pobre Mocho. Seguramente en ese momento le estaban sacando la mierda en su casa. Cuando mi viejo acabó de regañarme yo lo abracé y me puse a llorar. Mi pobre viejo no entendía nada.

Pasó el tiempo y comenzamos a adentrarnos en el inexplorado universo femenino y la botella fue encontrando otras utilidades. Mocho, como no podía ser de otra manera, vino con la novedad de la "botella borracha", juego por el que dejamos prácticamente todo, incluida la pelota y el supernintendo. Yo casi nunca tenía suerte y siempre me tocaba cumplir castigos tontos, pero de chapes, nada. Hasta que el día de mi suerte llegó. Luego de interminables vueltas, la botella se detuvo. El pico le apuntaba a una chica que me gustaba y el fondo a Mocho. Y Mocho mandó: "Chapa con Angel". Me acuerdo que la llevé flotando detrás de unos arbustos, mudos testigos de mi primer acercamiento a la anatomía femenina. Cuando salimos éramos oficialmente enamorados. Duramos un mes. Después ella fue enamorada de Mocho. Duraron menos.

Mientras lo veía en los columpios esforzándose por prestarle atención a los dos pequeños al mismo tiempo, yo, desde mi rincón, intentaba vanamente de acordarme cuándo dejé de frecuentar a Mocho. No pude. Ni siquiera podía recordar cuándo dejé de ir a ese terreno. Me preguntaba cuándo desapareció. Cuándo arrasaron los viñedos, los árboles, los arbustos y la acequia para dar paso al parque, los edificios y los grandes estacionamientos. Cuándo se fueron todas esas vivencias, todos esos descubrimientos. Esas alegrías y tristezas de las que está hecho el crecer. Me acerqué un poco. Al verme, Mocho sonrió nostálgicamente. Quizá en ese momento él también se preguntaba lo mismo.

domingo, agosto 27, 2006

Mi primera vez

Fue cuando tenía trece años. Iba al colegio en uno de los destartalados micros (todavía no había combis asesinas) que en ese entonces recorrían toda la avenida Angamos. Allí descubrí que a veces los ángeles también usan el transporte público. Mis adolescentes ojos descubrieron entre el tumulto de pasajeros a la niña más hermosa del mundo. La miré los treinta y cinco minutos que estuvo en el ómnibus hasta que se bajó en el cruce de Angamos y Arequipa. Tan embelesado estaba que no me había dado cuenta que ella se había percatado de mi silenciosa admiración. Mientras el micro avanzaba y yo pugnaba por verla por última vez a través de la ventana, ella, con una sonrisa esplendorosa, su moñito afrancesado, sus zapatitos lustrosos y su uniforme de colegio caro, me hizo adiós con su manito de paloma. Nunca escuché su voz, nunca la volví a ver, nunca supe absolutamente nada de ella. Sólo sé que aquella fue la primera vez que me enamoré.

domingo, agosto 20, 2006

¡Órale, Laura!

Esta mañana cogí el periódico y leí que Laura Bozzo ha expresado, muy dolida ella, su deseo de obtener la nacionalidad mexicana e irse a radicar en ese país. Aunque me alegré de encontrar una buena noticia en un diario después de mucho tiempo, no pude sentir cierta congoja por los paisanos del Chavo del Ocho. Si alguno de ellos llegara a leer estas líneas, quiero decirle que todos los peruanos estamos con ustedes. No pierdan las esperanzas. No hay mal que dure cien años. En nuestro caso fueron más o menos diez. Es cierto, será difícil sobrellevar ese tiempo. Deberán disimular la vergüenza ajena si a nuestra próxima ex compatriota e inminente compatriota de ustedes se le ocurre apoyar incondicionalmente al algún dictador que salga por allí, le mande besos volados por televisión y ponga las manos al fuego por su siniestro y corrupto asesor de inteligencia. Y si no tienen cable estarán condenados a ver cómo en su talk-show un grupo de mexicanos sin dientes se agarra a golpes en pleno estudio, exhibiendo su miseria no sólo material sino también familiar, en dramas verdaderos o inventados. Deberán reprimir las náuseas cuando esos mismos mexicanos sin dientes empiecen lamerse las axilas y los pies unos a otros por unos cuantos pesos. Y finalmente, soportarán la patética escena de la conductora creyendo que les solucionará todos los problemas regalándoles un "carrito sanguchero" (en su caso lo podrían usar para vender tacos, enchiladas y gordas pellizcadas). Les deseo mucha suerte.

Cuando pensé que no podía estar más contento, el mismo diario se encargó de darme una alegría mayor (esto sí es raro). Páginas más adelante leí que desde hoy el Perú exige visa a los ciudadanos mexicanos que quieran ingresar al país. Bueno, si algún día la "doctora" quiere venir de visita, ojalá que el funcionario que la atienda en el Consulado haya visto su programa.

sábado, julio 01, 2006

Canciones viejas para el tráfico

Los puentes de la Vía de Evitamiento pasaban por sobre nuestras cabezas como ráfagas mientras mi viejo aceleraba todo lo que podía para que este hijo suyo, que se había quedado en la casa viendo el mundial de fútbol con él, llegara lo menos tarde posible al trabajo. Nuestra veloz marcha fue interrumpida por una fila interminable de camiones que bloqueaba dos de los tres carriles de la vía. Inútilmente mi viejo intentó pasar a los camiones por el carril de la derecha. Se lo impedía una jauría de combis que se peleaban, rabiosas, por los pasajeros que caminaban por la mera autopista. Antes que el infernal atolladero le provocara un infarto a mi refunfuñón progenitor, quien a la sazón ya estaba maldiciendo a los camioneros, a los choferes, cobradores y pasajeros de las combis, a los policías, al alcalde, al Presidente y a su gabinete completo y hasta a Pekerman por no ponerlo a Messi, encendí la radio. La emisora tocaba una de esas canciones de las cuales no conozco el nombre, pero cuya letra me sé de principio a fin. Esas canciones viejas que odiaba de niño porque eran las que me anunciaban en las mañanas que ya mi viejo se había despertado y que en minutos me sacaría de la cama para alistarme y llevarme al colegio junto a mis hermanos. Esas canciones que sin darme cuenta fueron quedándose en algún lugar indeleble de mi memoria y que me llevan a las mañanas del insufrible jugo de betarraga con naranja, del agua fría de la ducha, del rostro siempre apurado de mi mamá planchando los uniformes antes de irse a trabajar, de las interminables batallas de mi viejo para despertar a mis hermanos, de buscar el zapato, la correa o la insignia perdida, del pan caliente con chicharrón de prensa y la leche con nata, de las tareas a última hora, del sol furtivo de propina, de la lonchera de He-Man, de limpiarme el lápiz labial del beso de despedida de mamá, de la mano de mi viejo para cruzar la pista, del “cuida a tus hermanos”, del “ya regreso”, del verlo tantas veces yéndose y tantas veces volviendo, llevándonos a la casa y empezando de nuevo al día siguiente. Y más todavía. Gracias, viejo, por llevarme ese día y todos los demás.

lunes, marzo 06, 2006

El tiro por la culata

Mi tío Pepe es uno de esos antiguos y férreos hinchas de Alianza Lima. Esos que se saben de memoria las alineaciones de los equipos aliancistas de los años 40 o 50 y de los que cuando niño se escapaba del colegio para ver entrenar –ni siquiera jugar, sino entrenar– al equipo de La Victoria. Cuando pasaron los años los amigos de mi tío dejaron de ir al estadio. A la sazón él ya se había casado y había nacido su primer y único hijo, mi primo Carlitos, con quien nació también la ilusión de mi tío de prolongar, en su sangre, su afición.

Lo que sucedió entonces no lo sé porque aún no había nacido. Pero desde que tengo uso de razón Carlitos siempre fue hincha del Boys. Supongo que los esfuerzos del padre no fueron lo suficientemente fuertes para detener la incontrolable ola de popularidad que el equipo del puerto tenía durante la niñez de mi primo. La tarea de mi tío Pepe debe haber sido aún más complicada si se toma en consideración que vivían en el Callao. Hacerlo aliancista se habría tornado imposible.

Así las cosas mi tío debe haberse resignado a que muera con él la afición aliancista en la familia (porque en mi árbol genealógico hay hinchas hasta del Municipal, pero de Alianza sólo el protagonista de este relato). Sin embargo, con los años dos acontecimientos hicieron que mi tío Pepe recuperara las esperanzas en extender en su familia el amor por su equipo: mi nacimiento y el de mi primo Coco.

Yo nací en julio y mi primo Coco en noviembre de 1979. Creo que, luego de los nombres que nos pondrían, lo más importante era de qué equipo seríamos. Desde ese momento se inició una guerra entre mi tío Pepe y mi tío Perico, que es de la U, por hacernos hinchas de sus respectivos equipos. Con menos chance, mi tío Jesús terciaba para que abrazáramos los alicaídos colores del Deportivo Municipal.

Pero sin duda, era mi tío Pepe el que más empeño le ponía a su empresa. Nos compró la camiseta, posters, pelota, figuritas del Alianza. Y lo más importante: nos llevaba a Matute. Esta perseverancia y dedicación finalmente dieron frutos. Me cuentan, porque no lo recuerdo muy bien, que un día Coco y yo, de seis o siete años, empezamos a jugar a que éramos jugadores de Alianza mientras pateábamos la pelota en la puerta de la casa de la abuela en Jirón Colina. Mi tío Pepe estaba feliz.

Pero faltaba el toque final. Ese sello indeleble que marca para toda la vida el amor por uno u otro de los compadres: un clásico. Entonces, el orgulloso tío aliancista se encaminó con sus dos sobrinos aliancistas al estadio aliancista para ver un triunfo aliancista sobre la U. Era 1987 y fuimos a la tribuna de oriente de Matute. En ese entonces la gente de la U y de Alianza se sentaba prácticamente junta y no había las separaciones a las que hoy obliga la violencia.

En fin, fuimos al estadio donde nuestra filiación aliancista quedaría oleada y sacramentada. Pero aquella tarde la U ganó con dos goles de Fidel Suárez. Mi primo y yo gritamos los goles, sobre todo el segundo. Recuerdo todavía al arquero de la Alianza arrastrándose infructuosamente ante la maestría del zurdo. Ese día me hice hincha de Universitario de Deportes. Creo que mi primo también lo es desde ese momento. El buen tío Pepe tuvo que resignarse otra vez. Pero lo que voy a deberle toda la vida es el haberme llevado a ese clásico.


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lunes, febrero 27, 2006

Lo siento, se me olvidó

A nadie debe interesarle, es cierto. Pero creo que al menos debía haberlo recordado yo. Pero, como todo aquello que tenga que ver con fechas, se me olvidó. El pasado martes 21 de febrero este sitio cumplió un año. No es mi intención hacer un recuento de esta inconstante, pero ineludible experiencia. Lo único que quiero es darte las gracias por tomarte la molestia de leer estas líneas y las de más abajo, aunque, ni las unas ni las otras, valgan realmente la pena.

sábado, febrero 04, 2006

Soy marrón y no me compadezcas

En nuestra blogósfera chola se desató hace poco una encarnizada polémica en torno al término "marrón", el cual es utilizado por algunos bloggers para designar –según sostiene uno de sus cultores– a aquella persona "que dice estupideces y/o sandeces, independientemente de su condición económica, moral, social y del color de su piel".

Escudados en su particular definición de dicho color, esos bloggers se dedican a "marronear" en sus posts a todo aquel que encaje dentro del nuevo significado que le han otorgado a esa coloración que no sólo es el resultante de combinar el rojo y el verde sobre la paleta, sino que además –aunque quieran cerrar los ojos– es la pigmentación de la piel cobriza.

De esta manera, esos bloggers usan alegremente un término que tiene una connotación evidentemente de carácter racial (por ejemplo, si nos hablan de "amarillos" pensaremos inmediatamente en personas asiáticas) para designar como "marrones" a aquellas personas "que dicen estupideces y/o sandeces".

Ahora bien, ¿no es inconsistente y hasta cínico decir que dicha definición es "independiente al color de la piel" cuando la palabra "marrón" es precisamente un color? Y no cualquier color, sino que es el color de la piel de esas mayorías del país a las que no les dejan entrar a Aura.

Esa usanza resulta, pues, aunque no lo quieran aceptar quienes la defienden, discriminatoria y arbitraria, puesto que –sin querer o queriendo– estereotipa lo "marrón" (léase lo "andino", "cholo", "indio", "zambo" y todas las variaciones de lo "no blanco" que hay en nuestro país) con el consabido San Benito, e incluso cosas peores.

Es claro que cada quien es libre de decir las cosas que quiera en su respectivo blog (derecho que ejerzo en este momento), e incluso de otorgar a las palabras significados que no les corresponden. Pero sería más honesto que si quisieran decir algo lo digan con todas sus letras y no apelando a argucias lingüísticas que producen vergüenza ajena.

lunes, enero 23, 2006

En la puerta de mi casa

Mi papá veía el noticiero de la noche en el televisor de la sala cuando sonó el timbre y por el intercomunicador oyó las voces de dos amigos de mi hermano que lo venían a buscar. Mi hermano salió y se quedó hablando con los muchachos en la puerta que da a la cochera, mientras mi papá miraba el televisor sentado en el sillón de su apacible sala.

Seguramente en ese momento el noticiero pasaba una de esas noticias que vemos en cantidades industriales y que nos desnudan la total inseguridad ciudadana en la que vivimos los limeños. Mi viejo pensaría en ese momento que ya uno no está seguro ni en su propia casa.

El sonido del timbre probablemente lo sacó de su reflexión. Era mi hermano con el rostro lívido. Con suerte había logrado cerrar la puerta de la casa cuando se dio cuenta de los revólveres que tenían en las manos esos muchachos con pinta de cantantes de reggaeton que bajaron de un Subaru plateado. Se quedó afuera. Afortunadamente no tenía nada que le pudieran robar, pero a sus amigos les quitaron sus billeteras y celulares.

Mientras llegaba la camioneta del serenazgo, seguramente mi viejo pensaba que la inseguridad ciudadana pasó de la pantalla de su televisor a la puerta de su casa. A la puerta de mi casa.

martes, septiembre 27, 2005

Amputación

Siempre me ha intrigado ese extraño fenómeno que se produce en algunas personas que sufren la amputación de alguno de sus miembros, cuando sienten comezón o dolor en el brazo o pierna que ya no tienen. Los médicos lo llaman Síndrome del Miembro Fantasma. Según averigüé en internet, este es un efecto colateral indeseable del intento del cerebro por reorganizarse después de una interrupción seria de la información sensorial que recibe del resto del cuerpo

Iba pensando en ello cuando sentí que mi teléfono celular empezó a vibrar. Lo busqué afanosamente, pero no pude encontrarlo. Busqué en el piso, pensando que se me había caído. Miré detrás, delante, a mis costados. No había choro a la vista que me hubiera podido robar el aparato. Cuando ya iniciaba mi segunda revisión del piso, me acordé que había dejado el bendito teléfono en el trabajo.

No tenía el celular. Pero pude sentir nítidamente en la correa de mi pantalón la misma vibración que siento unas quinientas veces al día con las llamadas de trabajo. No cabe duda que estos benditos aparatejos casi han llegado a formar una parte más de nuestro cuerpo. Y en ese momento a mí me habían amputado el celular.

miércoles, septiembre 14, 2005

La dalina y yo

Los fines de semana de aquellos años con los que se iniciaron los noventa no vieron ni por asomo en la canchita de fulbito a ese entonces flaquito que había cambiado el hábito de la pelota matutina por el placer de verla bajar de su nube a través del viejo Panasonic que había en casa.

Lo confieso. Al igual que cantidades industriales de púberes de mi generación, yo estaba perdidamente enamorado de la dalina Almendra Golmeski. "Yo tengo la magia, yo tengo el poder, dentro de mi corazón, dentro de mi corazón...", y daba esa vueltita que hacía alborotar mis, de por sí ya alborotadas, hormonas de trece años.

Poco a poco, el amor por el fulbito, la piscina y mis mataperreras amistades fue cediendo espacio a mis apetitos de "nubetor". El solapado interés inicial se transformó, sin darme cuenta, en un encandilamiento total. No me interesaba en lo absoluto el programa, ni el grántico, pálmani, zum, ni los conos mágicos, ni nada de eso. Sólo la señorita en mención.

No fue poco el tiempo que duró ese idilio unipersonal que me llevó a permanecer tres horas seguidas frente al televisor semanalmente. Hasta que, como todo lo que pasa en la niñez y la adolescencia, un día me olvidé por completo del asunto. Ni siquiera me enteré cuando el programa dejó de ser transmitido.

Pasaron los años y ahora la ex dalina, como ustedes saben, conduce un programa por cable, el cual, por cierto, no había visto. Hace poco, haciendo el clásico zapping de los feriados, me encontré cara a cara con la ahora señora que en su momento me hipnotizara con sus bailecitos en short.

Entonces mi dedo dejó de presionar el control remoto. Allí estaba ella, linda como hace más de diez años, hablando sobre los hábitos de adolescente que tenía en los veranos: "¿Ay, pero quién no se ha bañado en una tina llena de Coca Cola para que le quede bien el bronceado?". Yo cambié de canal.

domingo, agosto 28, 2005

¡Aquí se habla español!

Como el enamorado de la lengua castellana que soy, aplaudo fervorosamente la campaña que lleva adelante el cantante Juanes con la compañía Pepsi. El tema me hizo recordar un post que escribí hace algunos meses, precisamente con el título “Aquí se habla español”. Aunque varios de los amigos que visitan este sitio ya lo leyeron y formularon los comentarios correspondientes, me tomaré la licencia de reproducir su contenido, a propósito de la campaña de Juanes. Los nuevos comentarios serán agradecidos. ¡Hasta el próximo post!


"No tengo nada en contra del inglés, idioma que no domino, pero que muchas veces tengo que usar por cuestiones de trabajo. Sin embargo, soy un enamorado de mi lengua materna, y quizá por eso me resisto a ser parte del aplastante proceso que se evidencia cada día más en nuestra forma de comunicarnos y de sustantivar.

A lo largo de no pocos años el inglés fue apoderándose sigilosamente de un espacio importante en nuestro lenguaje cotidiano hasta reemplazar por completo a los vocablos en español con el mismo significado. Casi sin darnos cuenta empezamos a decir “break” en vez de “receso”. Ahora buscamos un trabajo “part time”, y no “a medio tiempo”, o “full time”, y no “a tiempo completo”. Ya nadie pide un “cojín” de shampoo, sino un “sachet”. Y hasta una controvertida conductora de televisión ha recogido una exclamación muy de moda entre las jovencitas cuando una noticia las sorprende: “whaaaattttt!”, en vez de ¡queeeee! En fin, ejemplos sobran.

A mediados de la década de los noventas, el fenómeno de la globalización hizo que el conocimiento del inglés dejara de ser un valor adicional a la formación profesional para convertirse en un pre-requisito de la misma. Sin embargo, este proceso fue más allá y en muchos casos el inglés sustituyó al castellano. La poderosa internet e incluso el gigantesco crecimiento de la televisión por cable, terminaron de abonar un fértil terreno para los anglicismos.

Intentaré acercar lo que trato de decir al medio que estoy utilizando. En la mayoría de las bitácoras latinas y en nuestro caso, peruanas, casi todos los bloggers usan gran cantidad de palabras y frases en inglés. Incluso redactan posts enteros en ese idioma, que no es el suyo. No es mi intención criticar esta costumbre, pues no tiene nada de mala, pero –al menos para mí– sí bastante de singular. Por ejemplo, me he topado con algunos post en los cuales la gramática es perfecta cuando se redacta en inglés, pero pésima cuando se usa el castellano.

Sería obtuso negar que el conocimiento del inglés es vital para nuestro desarrollo individual e incluso social, puesto que constituye el idioma universal en cuanto a conocimiento y tecnología. Pero considero que no por ello debería desplazarse el cultivo del castellano. Incurrir en este tipo de discriminación lingüística –desde mi humilde punto de vista– no tiene otro nombre que alienación.

El castellano es un idioma hermoso, inacabable y elegante. Si China no tuviera tantos millones de habitantes, nuestra lengua sería la más hablada en el mundo. Sin embargo, los latinos nos empeñamos cada vez más en mejorar nuestro acento y aumentar nuestro vocabulario en inglés, y nos preocupamos cada vez menos en hablar y escribir correctamente nuestro propio idioma. Eso es lamentable".

miércoles, agosto 17, 2005

Adivina, adivinador

El chofer del taxi escuchaba casi religiosamente cada uno de los consejos que la “astróloga” le daba a los oyentes que llamaban con fervientes peticiones de adivinación sobre el amor, el dinero, los estudios y el trabajo. El ensimismado rostro del conductor, que parecía ser el más asiduo oyente del programa de marras, me desanimó de pedirle que cambiara de estación. El sujeto seguramente hubiera preferido bajarme en medio de la Vía Expresa antes que quedarse sin escuchar las predicciones para su signo.

Lo que siguió fue un lamentable e inverosímil espectáculo de credulidad. Náufragos en un mar de inseguridad y miedo, intentando aferrarse a una venturosa predicción, como única tabla de salvación, se sucedían uno tras otro a lo largo de veinte minutos de programa. En el Perú, al fin y al cabo, es mejor crearse una realidad paralela, para que la famosa “verdad de la milanesa” no sea tan difícil de tragar.

Primero llamó una chica. Estaba ansiosa por saber si ingresaría a San Marcos. La “astróloga” le pidió que le dijera su nombre, su edad y su signo zodiacal. “A ver Fulanita las cartas dicen que tienes una gran posibilidad de ingresar a la universidad, pero eso dependerá del ahínco que le hayas puesto en tu preparación. Ahora, si no ingresas a San Marcos, no te desanimes acá dice que también tienes posibilidades en otras universidades”. ¡Qué tal estafa! Yo también le podría haber dicho lo mismo y sin necesidad de cartas. Niña, el hecho que tu preparación defina si ingresas o no ingresas a la universidad es tan obvio como saber que si no puedes ingresar a la peleada San Marcos, puedes hacerlo a alguna otra universidad con una valla menos alta. ¿Por qué agradeciste semejante despliegue de obviedad?

Ni siquiera había terminado de reponerme de tamaña candidez (por ser amable), cuando entró la llamada de una respetable dama que quería saber si el hombre de sus sueños finalmente le daría bola. Lo gracioso es que el tipo ya le había dicho que no quería estar con ella y que sólo le interesaba ser su amigo. Pero no vayan a creer que la había “choteado” una, dos o tres veces, ¡fueron cinco!. “Sultanita, no veo que esa ilusión tuya tenga posibilidad de prosperar. Lo mejor es que lo olvides y busques a alguien que te valore”. Mi queridad señora, ¿es que para escuchar eso necesita llamar a la radio y hacer que las miles de personas, que al igual que usted pierden el tiempo escuchando ese programa, se entereren de su desventura amorosa? ¿No le bastaron con las cinco negativas del sujeto en mención, tenían que confirmárselo públicamente?

Pero el programa estaba lejos de acabar. Todavía me faltaba escuchar la llamada del señor de cincuenta y tantos años que hace como tres meses que está sin trabajo. Rogaba porque la “astróloga” le dijera si iba a volver a ser parte de la PEA. “Las cartas no lucen nada bien. Menganito, creo que lo mejor es que vayas pensando en la forma de hacerte de un negocio. Veo difícil que una empresa vaya a contratarte”. Pero, mi querido señor ¿existe otra respuesta en un país con un alta tasa de desempleo y subempleo, con cincuenta por ciento de personas viviendo en la pobreza, con una población económicamente activa joven, es decir en la que no hay espacio para gente que sobrepase cierta edad?

Y pensar que hay gente que hasta paga por esas benditas predicciones. Creo que me equivoqué de carrera.

jueves, julio 07, 2005

A propósito del Día del Maestro

En el colegio yo tenía un profesor de Historia Universal que era en realidad genial. El hombre no se limitaba a explicarnos por qué a Napoleón le sacaron la chochoca en Waterloo o los detalles sobre la decapitación del Rey de Inglaterra Carlos I, sino que además era una fuente inagotable de historias, anécdotas y esos detalles paralelos que le dan a la historia un color distinto al de las enciclopedias. Años antes que el cable nos trajera la maravilla de “The History Channel”, este profesor había encontrado el modo de hacer sus clases de una manera tan entretenida e interesante que lograba mantener atentos por tres cuartos de hora a un grupo de treintaitantos escolares menores de 16 años que no precisamente se caracterizaba por su buena conducta.

Y es que este profesor tenía una envidiable capacidad para hilvanar hechos y anécdotas con las que mantenía la atención de un auditorio que se jactaba de haber hecho llorar a uno de sus colegas. Por ejemplo, en una clase sobre los procesos revolucionarios en América Latina, el profesor explicó que éstos coincidieron con el “boom” de la literatura latinoamericana, que tenía entre sus más conspicuos representantes a Vargas Llosa y García Márquez. ¿Por cierto, sabían ustedes que Vargas Llosa le metió un puñetazo a García Márquez? No profesor, cuente, cuente. Y él contaba que, según narró el fallecido fundador de Oiga, Paco Igartua, el escritor peruano noqueó al colombiano al parecer por celos. Y esto pasó cuando se estrenaba en México una película con guión de Vargas Llosa sobre el accidente de aviación ocurrido años atrás en los Andes con un equipo uruguayo de rugby. Este accidente fue muy comentado en la época, ¿saben por qué? No profesor, cuente, cuente. Pues porque los muchachos uruguayos lograron mantenerse vivos gracias a que se alimentaron con la carne de los viajeros muertos. Bueno, hay culturas en las que se practica el canibalismo, sabían que… No profesor, cuente, cuente. Y así podía seguir, retornando al tema de la clase e intercalándolo con anécdotas, hasta que el maldito timbre nos interrumpía.

Confieso que fue la única vez en la que he estado en un salón de clase y no he deseado con todas mis fuerzas que llegue la hora de recreo o, mejor aún, de la salida. Eso lograba la pasión que mi profesor le ponía a su clase. Como cuando termino un buen libro, me dio pena cuando se terminó el año. Recuerdo que fui a buscarlo el último día de clase para agradecerle por lo que me enseñó aquel año de 1996.

Hace algún tiempo me encontré con él por primera vez desde que terminé el colegio. Lo saludé fraternalmente y luego de las frases sociales de rigor, me preguntó cómo me iba. Al poco rato noté que el brillo de sus ojos y su sonrisa inicial se iban borrando de su rostro. Yo ya no era más el chiquillo de uniforme que le decía “cuente, cuente” y con quien compartía su arsenal anecdotario.

Yo era un adulto al que ya no debía contarle la historia universal, sino una más personal, como que desde hace años trabaja en tres colegios y dicta clases los sábados y domingos para terminar a duras penas con la construcción de su casa. Que le han reducido la cobertura del seguro, que cada día son menos sus beneficios y que le preocupa el resultado que arrojan sus cálculos sobre la pensión que recibirá luego de su inminente jubilación.

Cuando me despedí de mi profesor, quise agradecerle nuevamente por lo que me enseñó, lo cual me sirvió más que muchos cursos de periodismo, quise decirle que la riqueza que él tiene es más grande que cualquier casa, porque el valor de haber formado tres generaciones de hombres de bien, quienes lo recuerdan con cariño, es más grande que cualquier casa o seguro. Pero me quedé callado. Y es que absolutamente nada de lo que hubiera podido decir habría sido suficiente para mi Maestro.

Desde mi corazón, Feliz Día Profesor.

martes, julio 05, 2005

Informalidad nuestra de cada día

Los relojes marcaban las 10 de la noche con 30 minutos del sábado anterior al Día del Padre cuando me di cuenta que no había comprado un regalo para mi abuelo, con quien iba a tomar desayuno ese domingo tan especial, que serviría para que el más ingrato de sus nietos expiara sus culpas, que en el fondo siempre terminan siendo las culpas del maldito trabajo y sus horarios prohibitivos.

Como resulta obvio, a esa hora todas las tiendas estaban cerradas y mi preocupación por no encontrar un regalo para la hora del desayuno era casi tan grande como mi sentimiento de culpa. Otra vez le iba a fallar al viejo.

Entonces me acordé que en Polvos Rosados las tiendas se quedan abiertas hasta bastante tarde. Le pedí a mi enamorada que me acompañara y nos fuimos con rumbo al Ovalo de Higuereta. En el taxi convenimos que lo más adecuado era comprar una casaca bonita para que mi abuelo vaya bien pintón a las sesiones de rehabilitación que debe llevar luego que sufriera una hemiplejia temporal.

Mis esperanzas se vieron satisfechas con creces cuando las vendedoras de dicho campo ferial casi se pelean para que les comparara alguna prenda. Finalmente, luego de caminar por algunos minutos, encontré una casaca perfecta para mi abuelo. Cuando creí que mi suerte no podía ser mejor, hice un descubrimiento que me alegró todavía más. En medio de toda la ropa amontonada se dejaba ver el cable de un POS, perdido entre polos, pantalones y chompas.

¿De casualidad aceptan VISA?, le pregunté incrédulo a la vendedora, quien resuelta me dijo que por supuesto. Como quiera que no contaba con mucho efectivo en ese momento, me felicité a mi mismo por haber descubierto que la modernidad había llegado a Polvos Rosados, al cual hasta ese momento no le había descubierto otra bondad más allá de ser el paraíso de los DVDs piratas y juegos de Play Station. (Recuerdo que una vez con mi hermano nos gastamos una cantidad vergonzosa en ambos rubros).

En fin, le di mi tarjeta a la chica, quien a su vez llamó a otro muchacho que “sabía como usar ese aparato”. Luego de recibir mi tarjeta se metió entre la ropa para “desenterrar” el POS. Pasaban los minutos y el muchacho no terminaba con la bendita operación. En ese momento se me acabó la suerte.

Al largo rato, el patita regresó con la misma cara que puso el Chavo del Ocho cuando Don Ramón le preguntó por los churros de Doña Florinda que se había comido. Con bastante disimulo llamó a la vendedora, mientras a mí se me borraba la sonrisa del rostro. “Uy, ¿y ahora?”, le preguntó la chica mirando de reojo a donde yo esperaba junto a mi enamorada.

“Ejem… señor nos hemos equivocado”, musitó la muchacha, mientras me alcanzaba el voucher y luego me explicaba que el chico “que sabía como manejar ese aparato” aplastó un cero de más y en vez de ingresar los 67 soles de la casaca, cargó la friolera de 670 soles. Pero eso no era lo peor de todo. El “experto” ahora no sabía como anular el consumo porque no conocía cuál era el código de Visanet y cuando le preguntaron a la dueña por el bendito código, respondió muy suelta de huesos que ella ni siquiera sabía qué era Visanet.

Al final, en lo único que tuve suerte esa noche es en haberle pedido a mi enamorada, quien trabaja en un banco y con sus contactos resolvió el problema, que me acompañara. De lo contrario, queridos amigos míos, no podría ir a la próxima reunión blogger, porque mi tarjeta estaría sobregirada.

viernes, julio 01, 2005

El post que nunca escribí

Tenía en mente escribir un post explicando las razones por las cuales no he podido escribir en los últimos días. Sin embargo, reflexionando al respecto, caí en la cuenta que sería demasiado pretencioso de mi parte suponer que alguien se ha dado cuenta de que he escrito o no. Y además, ¿no sería una soberana pérdida de tiempo intentar explicarle a los demás las razones por las cuales no escribo, cuando ya tengo bastantes problemas al intentar explicarme a mí mismo las razones por las cuales escribo?

domingo, junio 19, 2005

Una raya más al tigre

No tengo nada en contra de los chilenos. Tengo amigos periodistas de esa nacionalidad. Y advierto que es una simple coincidencia el hecho que en el post previo también haya abordado una temática relacionada con nuestros vecinos del sur. Pero no podía dejar de mencionar este artículo. Prefiero guardamente mis opiniones al respecto, pero me gustaría saber qué les parece a ustedes, amigos.

miércoles, junio 15, 2005

¿Qué más quieren?

(Nota del autor: Este post puede ser perfectamente comprendido por los blogger peruanos, pero para los amigos de otras latitudes advierto que todas las líneas de abajo son puro y visceral sarcasmo)

A propósito de un malhadado comentario en mi post anterior, cuyo anónimo autor señala que el Pisco Sour es chileno, debo hidalgamente reconocer que esa afirmación es verdadera. Tienen razón los amigos chilenos: el Pisco es de Chile. Pero no sólo eso. La chirimoya es chilena, la papa es chilena, el ceviche es chileno, Machu Picchu y las Líneas de Nazca son chilenas, el Señor de Sipán fue encontrado en Chile, Manco Cápac y los catorce incas fueron chilenos, Cubillas y Challe vestían uniforme rojo y azul en el Mundial del 70, el “Cóndor Pasa” fue compuesto por un chileno, Santiago es llamada “La Ciudad de los Reyes”. Además, saludamos el hecho que nuestros estimados amigos del sur pronto vayan a patentar el “Suspiro a la chilena” y realizar espectáculos de caballos de paso montados por “Chileanes”. Javier Pérez de Cuéllar es chileno, Mario Vargas Llosa es chileno, Sofía Mulanovich y María Julia Mantilla son chilenas, Gianmarco es chileno, y últimamente se ha descubierto que Chacalón también era chilenooooooooooo!!!!!!!!

martes, junio 14, 2005

¡La competencia rioplatense llegó a los micros!

Luego de un buen tiempo me subí en un ómnibus. No me ufano de no necesitar el transporte público, del cual sería asiduo usuario de no ser por las facilidades de transporte que me ofrece el trabajo que tengo actualmente. Pero como todo en la vida tiene su final, mejor no me malacostumbro y, de cuando en cuando, subo a la volada a nuestras destartaladas unidades urbanas y bajo “con pie derecho”.

Una pequeña digresión: Una vez en el ómnibus me di cuenta que éste no apestaba a mierda, como lo proclama un blogger a quien estimo mucho, pero con quien discrepo abiertamente sobre este punto.

Pero bueno, ese no es el tema de este post. Estaba sentado al lado del pasillo, viendo como éste se transformaba en un jirón marchante en el que se sucedían niños con caramelos, ex drogadictos, ex pirañitas, ex presidiarios, cojos, ciegos, mudos, cantantes, músicos folclóricos, madres con niños, niños sin madres, desempleados, locos (o al menos buenos imitadores) y hasta un pobre tipo con parte de las vísceras afuera. Esto no tendría absolutamente nada de raro en una ciudad como Lima, de no ser por el singular personaje que subió al ómnibus casi llegando a la avenida Abancay.

“Buenos días, señoras y señores, hermanos del Perú. Les voy a interpretar unas canciones andinas de este hermoso país, aunque sho no sea peruano. Una de eshas es el famosísimo `Cóndor pasa´, del que sho me quedé enamorado, así como he quedado enamorado de esta linda tierra”, dijo un alto y desaliñado colorado, quien, flauta en mano, se dirigió a la sorprendida audiencia con un acento tan gaucho como el de Gardel.

Entre el “Cóndor pasa” y “El leño Verde”, el colorado les contó a los pasajeros que había nacido en Punta del Este, Uruguay, y que era uno de los ex trabajadores del Atlantis Circus que cerró agobiado por las deudas con la Sunat y cuyos dueños, un par de ciudadanos chilenos, habían huido con la poca plata que quedó. El asunto es que el colorado se quedó en la mera calle y con la obligación de mantener tres hijas, una de ellas nacida en el Perú. “Esha es su compatriota”, dijo con una amable sonrisa en los labios.

Más allá de la interpretación de las melodías, la cual no tuvo nada de extraordinario, el colorado se metió el público al bolsillo, pues su rutina distaba mucho de decir simplemente: “…y como primera canción” y luego pasar la bolsita para que caigan los céntimos. Este uruguasho vendió su vida como una verdadera historia. No se le puede negar la originalidad de su presentación. Al punto que la gente hasta lo aplaudió cuando terminó su acto.

La despedida no pudo ser mejor pensada: “Sho decidí quedarme en el Perú, porque la verdad es que en ninguna parte he encontrado gente tan buena como acá. Sé que con la ayuda de esa gente podré salir adelante”. Impecable. En verdad, nunca había visto la bolsa de un flautista callejero tan llena de monedas. El colorado se ganó cada una de ellas.

Al parecer la competencia rioplatense ya no se limitará a nuestra televisión, publicidad y fútbol. Advertidos están mis queridos músicos ambulantes.

miércoles, junio 08, 2005

Necesaria autocrítica

Como sucedió en el post que escribí hace ya varios días (antes de contestar las cadenas literaria y musical que me enviaron mis estimados amigos Santos y Flavio) la materia de estas líneas también tienen su origen en los interesantes intercambios de correos que se producen en la lista de BlogsPerú.

Esta vez el palo cayó (y fuerte) sobre los periodistas, a propósito de un artículo en el que se decía que el fenómeno blogger podría representar una amenaza para los “periodistas profesionales”. A partir de ello se hicieron notar las taras y limitaciones del periodismo peruano actual. Varios blogger sorprendieron al gremio con los pantalones abajo. Se criticó así, la pobre preparación, indolencia intelectual y ligereza profesional que caracteriza a parte del medio periodístico peruano.

En mi opinión, los periodistas no están amenazados por los blogger, ni siquiera por profesionales de otros campos. La amenaza para los periodistas son los propios periodistas, en la medida que el sensacionalismo, falta de rigurosidad y –ciertas veces– irresponsabilidad que tienen algunos al informar es directamente proporcional a la imagen que la población se forma de los medios de prensa.

Y es que la dejadez humanística del gremio periodístico en nuestro país es cada vez más preocupante. Aunque existen clarísimos referentes caracterizados por una sólida cultura y un compromiso real con la responsabilidad que tienen al informar, los hay también, aquellos que ni siquiera han cogido un libro en toda su existencia.

Digo esto con mucha pena ante la imposibilidad de defender a mi gremio en este aspecto. Decir lo contrario sería cerrar los ojos a la realidad. Tenemos un problema y estamos lejos de resolverlo.

Muchos hombres y mujeres de prensa carecen de una real conciencia sobre la responsabilidad que conlleva su profesión, responsabilidad que es mucho mayor a la de cualquier otro profesional, debido a los efectos que ésta puede conllevar. Si un médico ejerce una mala praxis el que sufrirá los daños será su paciente, si lo hace un abogado entonces los afectados serán un puñado de litigantes. ¿Pero qué pasa si un periodista informa mal? Si ello ocurre, la que pagará los platos rotos será la sociedad en su conjunto.

Es obvio que no podemos atribuirle toda la responsabilidad al periodismo en sí, pues sus males son los mismos que sufre el Perú en general. Pero, lo que no se puede negar, es que en países como el nuestro el periodismo debería ser parte de la solución y no del problema.

sábado, mayo 28, 2005

Uppsss...

Estimados lectores, algún día tenía que pasar. Ya me estaba sorprendiendo que este neófito blogger durase tanto tiempo on line sin meter las cuatro patas. Ayer en la noche, quisiera explicar por qué razón, pero hasta ahora no la comprendo, ya no había blog. En su lugar había una pantalla totalmente en negro. De no ser por la ayuda de mi buen amigo Juan Arellano, a quien agradezco pública y sinceramente, Propio y Ajeno hubiese pasado a la historia. Pero en fin, ahí vamos recuperándonos del desastre que ocasioné en mi Template. Me falta volver a colocar los links de mis bloggers amigos. Lo haré este fin de semana. No se rían!

jueves, mayo 26, 2005

¿Escribir para la tribuna?

Mientras posteo estas líneas, en la lista de Blogs Perú se libra una intensa polémica que nació a partir de la supresión, aplaudida por la gran mayoría, creo yo, del TOP 25. Ahora han surgido algunas voces que consideran que la sección de Recomendados debería correr la misma suerte.

Uno de los principales argumentos de los blogger que quieren mandar los Recomendados a la guillotina es el hecho que algunos de sus posts –según señalan– son muy buenos y no han sido considerados en esa sección. Una blogger, creo que periodista como yo, señala que esta situación le priva del “reconocimiento” que necesita y la desalienta de continuar escribiendo.

¿Acaso se necesita de reconocimiento para seguir escribiendo? ¿Esa es nuestra motivación para hacerlo? ¿Para que la gente nos aplauda? ¿Escribimos para la tribuna? ¿Abrimos un blog para que todo el mundo sepa lo bien que escribimos? ¿Lo hacemos para que todos digan: maestro, o maestra qué buen post?

Sinceramente, yo pensé que la gente abría un blog porque tenía cosas que decir y le interesaba también conocer lo que decían otras personas. ¿Acaso lo que escribes tiene menos valor porque no figura en Recomendados? El acto de escribir es en sí mismo valioso, y tiene como partida de nacimiento la sensibilidad y la honestidad de una persona que, desde el momento que abre y actualiza un blog, tiene esa necesidad de “escribir porque sí” y no “para que me aplaudan”.

Los dejo con dos frases –y miren nada menos de qué escritores–para reflexionar un poco al respecto:

"Yo no creo que lo que escriba tenga mayor importancia. Estoy asombrado de que existan tantas personas, evidentemente inteligentes, que hayan tomado en serio lo que escribo y esto lo agradezco. Pero al mismo tiempo, si yo viviera en una isla desierta como Robinson Crusoe y tuviera vista, papel y pluma, seguiría escribiendo por una necesidad personal".

Jorge Luis Borges.


¿No te preocupa escribir desde hace treinta años para haber alcanzado tan minúscula celebridad? -Por supuesto. Me gustaría escribir treinta años más para ser completamente desconocido.

Julio Ramón Ribeyro

martes, mayo 24, 2005

Ahora una cadena musical...

Bueno, aunque algo tarde, contesto la cadena musical enviada por mi amigo Flavio.

Volumen total de música en tu computadora

No tengo ni la mínima idea, pero es bastante porque mi hermano arma unos tonazos.

El último CD que compraste

Un pirata de Ibrahim Ferrer (para mayores señas, el viejito negrito con gorrita de Buena Vista Social Club)

Canción reproduciéndose en este momento

Paco de Lucía está haciendo “cantar” a su guitarra “La Flor de la Canela”

Las canciones que más escucho y que significan mucho para mí

Muchas y ninguna

Los discos que te parezcan perfectos desde el principio hasta el final

-Buena Vista Social Club
-Fania All Stars
-Nirvana Unplugged
-Nos sobran los motivos, de Sabina
-Hasta luego, de Los Rodríguez
-Vale el soundtrack de Matrix?

Cadena sobre libros...

Mi nuevo amigo Superscout, me ha pasado una cadena sobre libros ahí van mis respuestas...

Estás atrapado en Fahrenheit 451, ¿qué libro te gustaría ser?

Si la pregunta va por el lado de memorizar el libro para evitar que su contenido se pierda una vez que sea quemado, creo que memorizaría cualquier cuento de Ribeyro. No tengo buena memoria, pero con esas pocas y magistrales páginas creo que cumpliría con la humanidad.

Ahora, si la pregunta va por el lado de que yo sea materialmente un libro que va a ser quemado, pues creo que sería la colección completa de Tolkien, total la gente ya vio las películas, no? Además, con tantas y tantas páginas me demoraría más en quemarme, qué rico! Ja ja. (Sorry los “tolkien ultra fanáticos”, que por estos lares más que abundan)

¿Alguna vez te enamoraste de algún personaje de ficción?

De la joven Fermina Daza de “El Amor en los Tiempos del Cólera”, y es que de Florentino Ariza todos tenemos un poco.

¿El último libro que compraste fue?

Una versión pirata de “Mi Planta de Naranja Lima” para mi primita que está en el colegio. Pero, ¿quién no lloró con ese libro?

¿El último libro que leíste fue?

Magdalena peruana.

¿Qué estás leyendo actualmente?

Puros blogs. Entiéndame recién comienzo en esto y ando algo emocionado.

Cinco libros que llevarías a una isla desierta

-La Palabra del Mudo (aunque es una antología)
-Cien Años de Soledad
-La Guerra del Fin del Mundo
-Un mundo para Julius
-Nazim Hikmet, obra completa

¿A quién le pasas el Baton y por qué?

A Mutanter porque siempre es interesante leer lo que escribe, a Flavio porque seguramente me voy a matar de la risa con sus respuestas.

lunes, mayo 23, 2005

¿A dónde se fueron los inquisidores?

Finalmente el Gobierno de Chile admitió lo evidente y se disculpó formalmente con el Perú por haberle vendido armas al Ecuador durante el conflicto que nos enfrentó con ese país en 1995. Como lo sostuve en un post anterior, más allá de las simpatías o antipatías con el actual régimen, el reclamo peruano a Chile representaba una causa nacional, a la cual –algo lamentable pero previsible en un país tan desunido como el nuestro– pocas voces adhirieron.

Sin embargo, la Moneda, aunque con retardo, ha asumido una posición radicalmente distinta a la que defendía cuando se inició este problema. Chile pasó de una negativa total y áspera a un reconocimiento sincero y rescatable. Eso quiere decir que existían argumentos sólidos por parte del Perú. De lo contrario, la posición chilena, de comprobada firmeza y en ciertos casos, soberbia, no hubiera variado. El Perú tenía razón, aunque en nuestro propio país muchos de nuestros líderes de opinión, políticos y periodistas se encargaban de dársela a Chile.

¿Dónde están las voces que criticaban ácidamente la firme postura del Gobierno y de la Cancillería que, por una cuestión mínima de dignidad, reclaman excusas de las autoridades de Santiago?, ¿dónde quedaron aquellos que se rasgaron las vestiduras diciendo que el reclamo peruano era extemporáneo e innecesario? ¿a dónde se fueron los que dijeron que exigir disculpas a Chile por "algo que ocurrió hace diez años” representaba una actitud patriotera y una cortina de humo?, ¿Dónde están esas voces? No se oye, padre.

Es tan fácil unirse al cargamontón de la crítica ligera, pero tan difícil oír a alguien admitendo su equivocación. Y es que la hidalguía, estimados lectores de este humilde blog, no es una virtud que nos caracterice en este país.

lunes, mayo 16, 2005

Lectura obligatoria

No siempre se tienen a la mano opiniones tan lúcidas sobre un tema en el que fácilmente podemos ser inducidos al error, como es el caso de nuestras complejas relaciones con Chile. En medio del confuso torbellino mediático producido por nuestro último encontronazo con los vecinos del sur, Don Manuel Jesús Orbegoso plasma su experimentada óptica en:

http://mjoh.blogspot.com/2005/05/el-peru-y-la-guerra-con-chile.html

viernes, mayo 13, 2005

El amor en los tiempos del blog

La nostalgia y la tristeza son las musas por excelencia para escribir de amores. Estas crueles damas, omnipresentes en la vida del ser humano, lo quiera o no, han hecho parir a lo largo de la historia obras maestras que generaciones enteras han sentido en sus fibras más profundas como escritas para ellas mismas. Seguramente, muchos de nosotros hemos llenado de inspiración una página o dos, o tres, como producto de una despedida, de un final, de un adiós. Los blog son una magistral prueba de ello. Hay post sobre amores que son inmensamente tristes y nostálgicos y cuya belleza les hace alcanzar ribetes literarios. No sé por qué razón empecé con esta reflexión, si así puedo llamarla. Lo único que quería decirte es que siento no poder escribir uno de esos post sobre nosotros.

Hasta luego, Werther.

jueves, mayo 05, 2005

¡Seamos peruanos por Dios!

Es la primera vez que escribo sobre temas políticos en este blog. Si no lo he hecho antes es simplemente porque utilizo este espacio para distraer mi mente del tema con el que precisamente debo alternar día tras día: la política. Pero si me animo a hacerlo en esta ocasión es porque me indigna tremendamente como peruano y periodista la retahíla de irreflexivas y sorprendentes críticas que se han formulado por la posición asumida por el Perú frente a la confirmada entrega de armas por parte de Chile al Ecuador en pleno conflicto con nuestro país en 1995.

Empecemos por el argumento que se ha puesto de moda últimamente: “Pero si esto pasó hace diez años, es un refrito”. Falso. Los únicos que conocían de este tema fueron los presidentes de ese entonces Alberto Fujimori y Eduardo Frei, así como los cancilleres de turno Efraín Goldenberg y José Miguel Insulza. Si bien es cierto el diario La República, prácticamente el único medio independiente junto a El Comercio en ese entonces, denunció este caso, el tema sólo fue visto como una posibilidad, la cual fue negada en todos los idiomas por Fujimori y su par chileno.

Esta información –hoy confirmada por el propio Fujimori desde el Japón en una nueva muestra del cinismo de un prófugo de la justicia– le fue ocultada de manera flagrante al pueblo peruano, so pretexto de evitar mayores complicaciones en momentos que la prioridad era buscar el cese de hostilidades con Ecuador. ¿Acaso este asunto, por su tamaña gravedad, debía permanecer en la nebulosa y desaparecer con unas disculpas privadas y susurradas al oído de un dictador?

Se dice también que el hecho que esto haya sucedido hace diez años le da un carácter extemporáneo al reclamo peruano. ¿Acaso el tiempo tiene una acción reivindicatoria sobre la culpabilidad? ¿El que hayan pasado diez años borra el hecho que esas balas hechas en Chile –¡garante del Protocolo de Río de Janeiro, por el amor de Dios! – hayan atravesado los jóvenes cuerpos de soldados peruanos y ayudado al Ecuador en detrimento de la soberanía de nuestro país?

Quienes critican la posición peruana olvidan que este tema va más allá de sus gustos o antipatías por el Gobierno o el Presidente de turno, pues se trata de una cuestión de Estado, es decir de todos los peruanos. Contrario es lo que sucede en Chile donde, desde el diario La Tercera, afín al Gobierno, y El Mercurio, manejado por la derecha opositora, han cerrado filas en torno a su Cancillería y su Presidente.

También se ha acusado a la Cancillería de utilizar temas de política exterior como éste para distraer de asuntos de orden interno como las acusaciones por la falsificación de firmas de Perú Posible, partido de Gobierno. De esta manera, increíblemente, se hace eco de lo que se señala en Chile.

Quienes incurren en este tipo de señalamientos olvidan que son precisamente ellos quienes, al llevar sus cuestionamientos internos al campo de la política exterior, debilitan la posición peruana, que es defendida por una Cancillería que, contrariamente a lo que sucedía en la época fujimorista, no ha dado muestras de ser usada políticamente.

Ese uso político sí se le dio a la Cancillería durante la gestión de dos diplomáticos que hoy se pasean orondos por los medios de comunicación peruanos, muy olvidadizos para estos casos, como inquisidores de una gestión que es largamente más transparente y digna que la que ellos cumplieron cuando estuvieron en Torre Tagle. Por decoro esos señores deberían guardar silencio.

Para variar, los peruanos deberíamos unirnos en torno a un reclamo por demás justo y que debería ser nacional: que Chile reconozca la falta que cometió contra el Perú y que reedite sus disculpas de manera pública, como debieron ser en su momento. Eso se llama dignidad, no chauvinismo.

martes, mayo 03, 2005

Sorry, Robin

Siempre me he negado a aceptar que el simple y fortuito hecho del lugar de su nacimiento “marque” inflexiblemente la personalidad de un individuo. Sin embargo, cierto es que las sociedades determinan los rasgos sociales de sus integrantes, moldeando en ellos algunas o muchas características positivas y negativas. Es por ello que resulta tan difícil que un individuo, elemento base de una sociedad, deje atrás las miserias que arrastra su idiosincrasia.

Si en Francia una persona golpea con su auto a otro vehículo estacionado a un lado de la calle, se baja y va a buscar al conductor ausente para pedirle su número de seguro. En Alemania se ven autos que se detienen ante la luz roja del semáforo de una calle desierta a las tres de la mañana. En algunos metros del Japón los andenes cuentan con paraguas que los pasajeros se llevan a sus casas y devuelven religiosamente al día siguiente.

El punto es que todas estas cosas no deberían sorprendernos, sino parecernos normales. Quizá a estas alturas ya estoy escribiendo estupideces al pretender que la sociedad peruana dé un salto de cuarenta o cincuenta años, pero si al menos aspiráramos a eso todo sería diferente. Lo digo como un peruano que quisiera sentirse plenamente orgulloso de su gente.

No digo que en Europa no exista gente incivilizada, que por supuesto la hay. Pero no es la mayoría. Lamentablemente en nuestro país, los actos cotidianos que deberían merecer nuestro más profundo rechazo (pasarse la luz roja, no respetar las colas, maltratar a los usuarios de servicios públicos, faltar al respeto a diestra y siniestra) acá son moneda corriente e incluso tomados como situaciones “normales”.

No voy a cambiar nada con este post, sólo quería decirle a mi amigo inglés, que se cruzó con un grupo de patanes que dejó muy mal la imagen de mis compatriotas: Sorry, Robin, esos imbéciles no reflejan lo que realmente somos los peruanos ni lo que realmente es el Perú. Aunque tú lo sabes.

miércoles, abril 13, 2005

El cochino dinero

Uno de los beneficios que me da este trabajo es un toyota negro con lunas polarizadas que me lleva religiosamente hasta la puerta de mi casa cuando termino la jornada laboral de diez, doce o catorce horas. Cosa paradójica, hombre con chofer y –en estos meses de pago de impuestos– con muchas tarjetas, pero ningún billete en la cartera. Necesito más plata carajo, pensaba a lo largo de la Vía de Evitamiento. Me di cuenta de manera más nítida de mi necesidad cuando me pareció una barbaridad pagar tres soles por el peaje. Pensé en un post que leí por ahí (creo que en “Agenda de un Loco Razonable”) en el cual el autor preguntaba si alguien conocía dónde había dinero botado para ir a recogerlo. Me reí. A la altura del puente Benavides volví a recordar que no tenía plata. Retornó mi malhumor. Llegué a mi casa, me bajé del carro. Cuando caminaba hacia la puerta encontré a una señora agachada cerca al jardín del frente de mi casa. Buscaba en mi basura algo que sirviera para reciclar. “Perdón, joven…”, murmuró pensando quizá que la echaría de allí. Hay gente que está más jodida que yo, pensé recordando los dichos de mi madre. “Busque no más seño, si encuentra plata me avisa ah!”. No me entendió. Y yo me reí otra vez.

martes, abril 12, 2005

¡Aquí se habla español!

No tengo nada en contra del inglés, idioma que no domino, pero que muchas veces tengo que usar por cuestiones de trabajo. Sin embargo, soy un enamorado de mi lengua materna, y quizá por eso me resisto a ser parte del aplastante proceso que se evidencia cada día más en nuestra forma de comunicarnos y de sustantivar.

A lo largo de no pocos años el inglés fue apoderándose sigilosamente de un espacio importante en nuestro lenguaje cotidiano hasta reemplazar por completo a los vocablos en español con el mismo significado. Casi sin darnos cuenta empezamos a decir “break” en vez de “receso”. Ahora buscamos un trabajo “part time”, y no “a medio tiempo”, o “full time”, y no “a tiempo completo”. Ya nadie pide un “cojín” de shampoo, sino un “sachet”. Y hasta una controvertida conductora de televisión ha recogido una exclamación muy de moda entre las jovencitas cuando una noticia las sorprende: “whaaaattttt!”, en vez de ¡queeeee! En fin, ejemplos sobran.

A mediados de la década de los noventas, el fenómeno de la globalización hizo que el conocimiento del inglés dejara de ser un valor adicional a la formación profesional para convertirse en un pre-requisito de la misma. Sin embargo, este proceso fue más allá y en muchos casos el inglés sustituyó al castellano. La poderosa internet e incluso el gigantesco crecimiento de la televisión por cable, terminaron de abonar un fértil terreno para los anglicismos.

Intentaré acercar lo que trato de decir al medio que estoy utilizando. En la mayoría de las bitácoras latinas y en nuestro caso, peruanas, casi todos los bloggers usan gran cantidad de palabras y frases en inglés. Incluso redactan posts enteros en ese idioma, que no es el suyo. No es mi intención criticar esta costumbre, pues no tiene nada de mala, pero –al menos para mí– sí bastante de singular. Por ejemplo, me he topado con algunos post en los cuales la gramática es perfecta cuando se redacta en inglés, pero pésima cuando se usa el castellano.

Sería obtuso negar que el conocimiento del inglés es vital para nuestro desarrollo individual e incluso social, puesto que constituye el idioma universal en cuanto a conocimiento y tecnología. Pero considero que no por ello debería desplazarse el cultivo del castellano. Incurrir en este tipo de discriminación lingüística –desde mi humilde punto de vista– no tiene otro nombre que alienación.

El castellano es un idioma hermoso, inacabable y elegante. Si China no tuviera tantos millones de habitantes, nuestra lengua sería la más hablada en el mundo. Sin embargo, los latinos nos empeñamos cada vez más en mejorar nuestro acento y aumentar nuestro vocabulario en inglés, y nos preocupamos cada vez menos en hablar y escribir correctamente nuestro propio idioma. Eso es lamentable.

sábado, abril 09, 2005

...manyas?

Hace poco estuve revisando blogs mexicanos. Algunos post me parecieron muy interesantes, aunque a veces se tornaban algo difíciles de comprender debido a la frecuencia con la que usaban la jerga local. Aunque –gracias al eterno Chavo del 8– tengo un conocimiento básico de la jerga mexicana, algunas de las palabras que leí hasta hoy permanecen en la nebulosa de mi cerebro.

Entonces recordé que al leer los blogs peruanos había encontrado varias jergas de uso frecuente en nuestro medio, e incluso caí en la cuenta de que yo mismo había usado este tipo de lenguaje en más de una ocasión. Pensando en quienes nos leen desde otros lares hice una pequeña selección de un diccionario de la exquisita, inacabable e ingeniosa jerga peruana que encontré en la web. Espero les sea de utilidad.


A

Achorado: (adj.) desafiante. “Mejor ni lo mires porque es bien achorado”
Afanar: (v.) enamorar, cortejar.
Aguja: (adj.) exiguo de dinero. “Te pago la próxima semana porque ahora estoy aguja”.
Al polo: (adj.) helado. “¡Mozo, dos cervezas al polo!”.
Ampayar: (v.) pillar, agarrar desprevenido, "con las manos en la masa".
Arrecho: (adj.) excitado sexualmente (verbo: arrechar, arrecharse).
Arruga: (f.) deuda. “Los García ya no podían con tantas arrugas”.
Asado: (adj.) enojado. “Estoy bien asado contigo”.

B

Bacán: 1) (adj.) equivalente al “cool” norteamericano o al “chévere” venezolano.
Bamba: (adj.) falsificado, no original, imitación.
Bobo: (m.) 1) reloj de pulsera; 2) corazón
Buitrear: (v.) vomitar.

C

Cabro/cabrilla: (m.) hombre afeminado.
Cachar: (v.) tener relaciones sexuales.
Cachuelo: (m.) trabajo temporal, informal
Calato: 1) (sust./adj.) persona desnuda; 2) por extensión, bebé.
Camote: (m.) cariño efusivo. “Le he agarrado camote a María”
Cana: (f.) cárcel.
Caña: (f.) automóvil. Por extensión, chofer.
Cocos: (f.) dólares.
Coima: (f.) comisión que se da para obtener algo en forma ilegal.
Cojudo: (adj.) palabra usada como insulto fuerte.
Conchudo: (adj.) desentendido, indolente, desobligado.
Combi:(m.) Pequeño bus o van de transporte público urbano.
Como cancha: (adv.) mucho, bastante. “¡Había gente como cancha en la fila!”
Chamullar: hablar mucho tratando de convencer a alguien aunque uno no esté seguro.
Chape: (m.) beso en la boca.
Chibolo (a): (adj) niño.
China: (f.) moneda, equivalente a cincuenta céntimos del Perú.
Choro: (sust.) ladrón, ratero (verbo: chorear). “Ese barrio está lleno de choros”.
Chupado: (sust./adj.) tímido, cobarde.
Chupar: (v.) libar.
Chupe: Trabajador de segundo nivel que alaba al jefe.

F

Fallo: (m.) cigarrillo.
Figuretti: (sust./adj.) persona que intenta ser siempre el centro de la atención
Fintero: (adj./sust.) que aparenta algo que no es.
Florear: (v.) adular, alabar.
Floro: el mejor léxico para impresionar,
Fregar: (v.) molestar, fastidiar
Frío: (sust./adj.) muerto. “Cuando la ambulancia llegó, el paciente ya estaba frío”.

H

Hincha: (invariable en el masculino) seguidor de un equipo de fútbol.
Huachafo: (sust.) persona cursi, ridícula.
Huachimán: (m.) agente uniformado de seguridad particular. (Del inglés "watchman").
Huarique: (m.) bar, cantina, o lugar de reunión con un cierto aire de clandestinidad.
Huevo: (adj.) fácil. “El último examen estuvo huevo”.
Hueveo: (sust..) solaz. “Hoy en el colegio fue puro hueveo”.

J

Jerma: (f.) enamorada, novia
Jodido: (adj.) 1) destrozado, arruinado, 2)complicado, difícil.

L

Lechero: (sust./adj.) suertudo, afortunado.
Lorna: (adj.) tonto (igual en femenino y masculino).
Luca: (f.) moneda, equivalente a un Sol peruano.

M

Manyar: (v.) entender, conocer.
Mariachi: (m.) marido, esposo.
Metiche: (sust./adj.) entrometido.
Misio: (adj.) sin dinero.
Mitra: (f.) cabeza.
Monse: (sust./adj.) tonto, ingenuo.
Mosca: (adj.) alerta, despierto.

P

Palta: (f.) vergüenza. “Rocío me hizo pasar una palta cuando dijo que soy muy tacaño”.
Pata: (sust. inv.) amigo. “Jorge es pata de Carlos”.
Pichanga: (f.) 1) partido de fútbol amistoso, espontáneo, informal
Piña: (f.) 1) persona con mala suerte; 2) (adj./sust.) desafortunado.
Pituco: (sust.) persona adinerada, rico.
Pollada: (f.) fiesta popular de barrio donde el platillo principal es el pollo a la parrilla.

Q

Quincearse: (v.) equivocarse, confundirse. “Paola se quinceó de calle y se perdió”.
Quitarse: (v.) irse. “Bueno, un gusto... me quito”.

R

Rayarse: volverse loco (adj.: rayado). “No le hagas caso que está rayado”.
Recursear: Sinónimo de cachuelear.
Refri: (m.) frigorífico, nevera. “Saca el postre del refri”.
Roche: (m.) vergüenza. “A Sara le daba roche desvestirse delante del médico”.
Rosquete: (m.) hombre homosexual (peyorativo).
Ruca: (f.) prostituta, mujer promiscua.

S

Salado: (adj.) desafortunado, con mala suerte
Sangrar: (v.) pedir dinero perniciosamente.
Sanguche: (m.) emparedado.
Sapo: (sust./adj.) curioso.

T

Telo: (m) hotel, hostal, motel.
Terruco: (m.) terrorista.
Tirar: (v.) tener relaciones sexuales.
Tirar cabeza: no devolver algo prestado. “Mónica te tiró cabeza con el vestido”.
Tombo: (m.) agente de policía. “El tombo me paró cuando iba manejando”.
Tono: (m.) fiesta.
Toque: (m.) momento, rato. “Espérame, regreso en un toque”.
Trampa: (f.) mujer promiscua.
Tranca: (adj.) borrachera.
Trome: (adj./sust.) hábil, diestro, que destaca.

V

Vacilón: (m.) 1) diversión; 2) pasatiempo, hobby; 3) relación pasajera o poco seria.

Y

Yuca: responsabilidad pesada, tarea engorrosa. “Ese trabajo está yuca”.
Yunta: (sust. invariable) amigo íntimo.
Yapa: (f.) añadidura que obsequia el vendedor al comprador.


Para acceder a la versión completa, pueden visitar la siguiente dirección: http://www.jergasdehablahispana.org/peru.htm.

sábado, abril 02, 2005

El último viaje de un incansable peregrino...

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Mientras escribo este post uno de los hombres más trascendentales para la historia de la humanidad –más allá del catolicismo o del cristianismo– se encuentra agonizando en Roma.

No compartí muchas de las cosas que se promovieron o vetaron durante el papado de Juan Pablo II, pues creo, por ejemplo, en el control responsable de la natalidad, en la teología de la liberación, en el uso del condón para evitar enfermedades, en la píldora del día siguiente y en muchas otras cosas que la derecha conservadora católica, a la cual Juan Pablo II fue bastante cercano, condenó. Sin embargo, aunque es el único Papa que he visto, soy un firme convencido de que no habrá un heredero de Pedro más destacado que el polaco Karol Wojtyla. El acercamiento que logró el Papa con la gente de a pie, esa misma que hoy llora porque siente partir a alguien que es parte de ella, hará que este hombre sea difícilmente igualado.

Su inacabable labor evangelizadora fuera de los linderos de El Vaticano, en los cuales solían enclaustrase sus antecesores, fue impresionante teniendo en cuenta su edad, su constantes problemas de salud e incluso el atentado que sufrió en 1981. Fueron más de un centenar los viajes que realizó el Santo Padre durante 26 años de Pontificado, en los cuales recorrió mil 163, 865 kilómetros. Y es que el Papa siempre buscó estar cerca de su rebaño y se preocupó de hablarle en su propia lengua, para lo cual aprendió más de veinte idiomas, e incluso algunos dialectos. En Cusco todavía recuerdan cuando el Papa pronunció su discurso en quechua.
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Pero el Papa no sólo cruzó las fronteras de los países, sino también las de las religiones. Sus esfuerzos ecuménicos fueron inmensos y sin precedentes. Buscó acercamientos con diversos líderes de Iglesias distintas a la Católica, en la búsqueda del sueño de un solo gran pueblo cristiano, yendo incluso a contracorriente del sector conservador de El Vaticano. Hace poco escuchaba a un conocido rabino peruano que comentaba que Juan Pablo II no formaba únicamente parte de la historia de la Iglesia Católica, sino que también lo era del pueblo judío. Y está fresca en la memoria la imagen del Santo Padre orando frente al Muro de las Lamentaciones, el lugar sagrado por excelencia para los judíos, donde pidió perdón a Dios por cuantos en la historia han causado sufrimiento a los hijos de Abraham. Así, Juan Pablo II fuel el primer Papa en visitar una sinagoga, una iglesia protestante y una mezquita.
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Juan Pablo II se convirtió también en un luchador incansable contra el criminal régimen comunista en Europa Oriental y uno de los principales artífices de su caída con el muro de Berlín. Eso le pudo costar la vida cuando el turco Alí Agca, seguramente manipulado por alguna célula comunistoide, le disparó a quemarropa. Una bala le atravesó el vientre y estuvo a punto de matar al Papa. El sicario, a quien seguramente Juan Pablo II perdonó apenas recibió los disparos, recibió en su celda la visita del propio Santo Padre, con quien charló por largo tiempo.

Defensor inquebrantable de la paz, los derechos humanos y la proscripción de la intolerancia religiosa, “Juan Pablo El Grande” surgido de los círculos clandestinos religiosos de una Cracovia ocupada, viaja ya hacia la eternidad.

lunes, marzo 28, 2005

Confesiones de un masoquista

No sé a ciencia cierta cómo ni cuándo comenzó esta adicción al dolor. Pero quizá pueda encontrar en mi niñez los orígenes de este raro mal. Haciendo memoria, creo que la punta de esta larga madeja de sufrimientos puede encontrarse un 30 de junio de 1985. Ese día, la selección peruana de fútbol estuvo a punto de clasificar al Mundial de México 86. No sería una clasificación común y silvestre. Íbamos a eliminar nuevamente a la Argentina en su propia cancha. Sólo faltaban siete minutos para que terminara el partido y nuestra selección iba ganando 2 goles a 1. Yo estaba a punto de cumplir seis años y ya me imaginaba pegando las figuritas de Cueto, Oblitas, Barbadillo y Navarro en mi álbum de México 86. Gareca se encargó de romper todos mis sueños. Fue el primer golpe. Pero estaba lejos de ser el último.

Pasaron los años y la cosa fue de mal en peor. Cada selección peruana que pasó del 86 en adelante fue más desastrosa que la anterior. Pero eso no era lo único que estaba lejos de mejorar. Paradójicamente, mientras más papelones protagonizaba la selección más acérrima era mi afición. Así, sufrí las sucesivas eliminaciones, sin pena ni gloria, para los mundiales de Italia 90 y Estados Unidos 94. Perú apenas consiguió un punto en los diez partidos que jugó. Yo vi todos esos partidos. Yo sentí todas esas derrotas. Luego vinieron las eliminatorias para Francia 98. La clasificación era posible y fue posible hasta el último partido de la eliminatoria. Esa esperanza sólo sirvió para hacer más cruel el desengaño. Chile nos goleó 4 a 0. Trágico final de otro sueño. De las eliminatorias para Corea-Japón 2002 mejor ni hablo.
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¿Cómo podía seguir yo, entonces, partido tras partido, gol tras gol (en contra, por supuesto), derrota tras derrota, eliminación tras eliminación, con esta malsana obsesión con escuchar el “Somos libres, seámoslo siempre...” en un mundial de fútbol? Esa respuesta no la tengo aún.

Lo único que tengo claro hoy es que Perú puede clasificar (aunque los hechos me demuestren lo contrario), sólo sé que veré cada uno de los partidos que quedan en esta eliminatoria (aunque casi todos serán derrotas), que sufriré con cada una de esas derrotas (¿ves? ya sabías lo que iba a pasar, terco) que me esperanzaré hasta el final (para sufrir cuando llegue ese final), que haré malabares matemáticos que darán como resultado la clasificación (en mis cálculos, por ejemplo, Bolivia tiene que golear a Colombia), que me encontraré otra vez con la derrota y que (como siempre) todo empezará de nuevo.

viernes, marzo 18, 2005

¡Qué viva Barney! (…al menos hasta que crezca mi sobrina)

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Lo intenté todo, pero con nada podía tranquilizar a la bendita chibola que parecía tener un excedente gigantesco de azúcar, pues su pequeña anatomía de dos años y medio no dejaba de ir de un lado a otro de la casa, seguida –apenas- por este sufrido (y resaqueado) tío que de cuidar niños sabe tanto como de matemática cuántica.

Había estado con unos amigos en una reunión que se prolongó hasta rayar las primeras luces de ese domingo. Cuando llegué a mi casa sentí una profunda felicidad de saber que mi familia se había ido al club. No porque no la quiera, todo lo contrario, sino porque podría dormir sin el bullicio endémico de los fines de semana en la Residencia Castillo Fernández.

Era apenas mediodía cuando sentí que alguien abría la puerta de mi cuarto. Era mi prima. En la mano tenía la llave que le había dado mi mamá, y en el rostro la expresión de un condenado antes de ser fusilado. “No tengo quien me cuide a la bebe. Sólo por un par de horitas. Tengo que recoger unas cosas en el trabajo y no la puedo llevar. No seas malito… etc.” Cuando estaba a punto de mandarla a rodar, mi sobrina entró al cuarto. “Benos día tiyo Anchel”. Besito incluido. ¿Cómo carajo decir que no? Mi prima desapareció en menos de lo que me demoré en decir: “está bien, pero sólo dos horas ¿ok?”

Las fuerzas me abandonaron a los escasos veinte minutos. El sueño, el dolor de cabeza y el malestar clásico de la resaca hicieron que sucumbiera en el sillón. En la media hora siguiente, la chibola había roto un adorno de mi vieja, rayado la tapita de mi celular, metido la mano en la boca de Porthos (mi perro), traumatizado para sus siete vidas a Pistaco (mi gato), arrancado hojas de las plantas de todos los maceteros, destrozado el catálogo de Saga, destrozado el catálogo de Ripley y un prolongado e inenarrable etcétera.

De nada sirvieron las canciones de Yola que le quería hacer cantar desde el sillón. Es que Yola ya fue hace tiempo, ¿no? Tampoco tuve suerte imitando voces graciosas. Bueno, no soy muy gracioso que digamos, tampoco la bebe tiene la culpa de todo. Entonces, me acordé que le gustaba la música de Axe Bahía. Desesperado, logré alcanzar el control remoto del equipo. Busqué en todas las emisoras. Ninguna pasaba al bendito grupete brasileño. “¡Y pensar que hace poco me tenían podrido todo el día con el Onda Onda y demás yerbas!”

“¡Ah ya sé! La voy a hacer ver televisión”, pensé finalmente. Prendí el todopoderoso aparato. “¿En qué canal pasan los dibujos animados, maldita sea? ¡Por fin! Adriana, mira los dibujitos”, grité, sin moverme, y poniendo todas mis esperanzas en la magia de la caja boba. Pero a ella no le interesaba.

Rendido y resignado a mi suerte, me quedé mirando Discovery Kids mientras mi sala sucumbía a la destructiva dictadura de la pequeña. Cuando de pronto, sonó una canción de desfile norteamericano, seguido de una canción: “Barney es un dinosaurio que vive en nuestra mente y cuando se hace grande es realmente sorprendente…” Adriana dejó de jalar el mantel y corrió hacia el televisor. Se sentó frente a la pantalla y no se movió más. Estaba hipnotizada por el dinosaurio púrpura de voz amongolada. Para cuando empezó a cantar: “Te quiero yo, y tú a mí…” su mamá ya había llegado.

Te aseguro Barney que ese día quien más te quiso en este mundo fui yo.

miércoles, marzo 16, 2005

Del puente a la...

En Lima no existe una inversión más inútil que las decenas de puentes peatonales que atraviesan la Vía de Evitamiento y la Panamericana Sur. ¿Para qué se han gastado millones de soles de todos los peruanos en estas obras, si nuestros cívicos vecinos siembre cruzan las vías de alta velocidad por la mera pista? ¡Qué despistado el Alcalde que construyó los puentes! ¿Acaso no sabe que al peruano le importa un rábano arriesgar la vida si de ahorrar tiempo y esfuerzo se trata? ¿Qué no podía ver que es más rápido cruzar por la pista en vez de subir decenas de escalones y después bajarlos para llegar seguro al otro lado? Antes de hacer tamaña inversión debieron haberle preguntado al hijo de puta que se atravesó al taxi que me llevaba a cien kilómetros por hora por Evitamiento y que casi ocasiona que no estuviera aquí para escribir este post.

sábado, marzo 12, 2005

Cuento Trillado

Temprano fue al banco a pagar una armada de la universidad donde acababa de ingresar. Le había agradado el cajero y cuando le dio su cambio intentó, con atrevimiento, tocarle la mano. No lo consiguió. En fin. Para cuando pague la otra pensión será. Su pueril intento de flirt se diluyó inmediatamente cuando el estúpido del guachimán le silbó chabacanamente, sin tacto ni delicadeza. Minutos más tarde, pensando en el anónimo cajero, recorría el camino a la universidad a bordo de una de las innumerables combis que vuelan por la avenida Javier Prado. Cuando bajó en su paradero, el otro estúpido del cobrador le volvió a silbar.

Era el primer día de clases y, desde luego, esos jeans apretadísimos, el polito minúsculo tan pegado al cuerpo y ese caminar de pasarela no pasarían desapercibidos para la masa de cachimbos. Y así, Steven Javier Silva fue, en su primer día de universitario (o universitaria, como prefieran, o para no desilusionarlos del todo), el centro de las bromas pesadas de cuanto adolescente y arlequín estudiante se cruzara en su camino. En el aula, cuando el catedrático Rosas le preguntó su nombre, su voz soltó un "Steven Javier Silva, profesor..." tan afeminado que el salón entero se cagó de risa, con Rosas incluido. Todo esto lo hacía tan distinto, tan irreverentemente distinto, a los demás estudiantes de Administración de la universidad.

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Durante los siguientes diez meses todo siguió igual. Eso no parecía afectar a Steven Javier, quien no se inmutaba con los silbidos o los sarcásticos piropos de los demás estudiantes, que ya formaban parte de su cotidianidad. Cuando un insulto lo molestaba mucho, a lo máximo que atinaba era a lanzar un ¡estúpido! Afeminadísimo que sólo lograba recargar la ametralladora de insultos. Entre los pocos amigos que Steven Javier hizo en esos diez meses, nadie comprendía la razón del estoicismo con que soportaba ese suplicio diario. Y es que el muchachito mide un metro ochenticinco, tiene bíceps anchos y una caja torácica de instructor del Gold Gym. Su padre, meditando al respecto, concluyó magistralmente: "Tremendo manganzón por las huevas..."

Un día de esos, no tiene importancia cuál (todos eran iguales), llegó más temprano que de costumbre a la universidad. Después de dejar su mochila (¡de Garfield!) en el salón y tras recibir su primera dosis de silbiditos y piropos por parte de unos estudiantes boleteados de la juerga de la noche anterior, bajó por un cigarrillo. Recién encendía el mentolado, cuando distinguió que de la ventana más grande del frontis de la universidad ondeaba un sostén negro adornado con piedras, sostenido por los boleteados estudiantes. La misma prenda de vedette que minutos antes había estado discretamente guardada en su mochila (¡de Garfield!). Imposible saber qué hacía allí sin apelar a la suspicacia particular. En ese momento llegaba la gran parte de estudiantes, la gran parte de miradas. Steven Javier corrió a la ventana, recuperó a arañones el trapo, cogió su mochila y desapareció.

Al día siguiente, Steven Javier, inexplicablemente, vestía unos pantalones Filipo Allpi, muy bien entallados, una camisa Cougar (sólo para hombres), su cabello recortado descubría sus hasta ahora desconocidas orejas, y su caminar era poco menos que militar. Su voz también fue parte de esta metamorfosis. Cuando el catedrático Rosas pasó asistencia, al apellido Silva le siguió un "presente, profesor" tan varonil, que todo el salón se quedó cojudo, con Rosas incluido. A partir de ese día y durante los siguientes y radicalmente distintos meses y años, a don Steven Javier Silva lo esperaba una rubia bestial, digna de un concurso de belleza, a la salida de clases. Fin del cuento.

(Casi olvido un detalle, que a la sazón podría resultar interesante. Los estudiantes que llegaron con el tiempo a la universidad nunca pudieron entender la razón por la cual ese manganzón del último ciclo de administración nunca dejaba su mochila... ni para ir al baño.)

viernes, marzo 11, 2005

España, aparta de mí este cáliz

(A un año de la muerte de cuatro peruanos en los brutales atentados en la estación de trenes de Atocha)

Habían llegado a España en busca de las oportunidades que no encontraban en el Perú para sacar adelante a los suyos. Algunos tenían hasta tres empleos. No importaba. Cualquier esfuerzo era poco para progresar en tierras lejanas. Una mañana, que parecía ser cualquier otra, la dinamita de trece malditas mochilas convirtió a Atocha en la última estación de sus vidas.

El 11 de marzo de 2004, medio centenar de extranjeros, entre ellos peruanos, ecuatorianos, colombianos, hondureños, dominicanos, rumanos, polacos, búlgaros y marroquíes, perdieron la vida en los brutales atentados perpetrados contra cuatro trenes suburbanos de la capital española y su periferia sur.

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En total murieron 192 personas y mil 900 resultaron heridas, la mayoría obreros y estudiantes que a las 07:30 estaban en los trenes o esperaban en los andenes de las populares barriadas de Santa Eugenia, el Pozo del Tío Raimundo y en la estación de Atocha, sin imaginar que esa fría mañana madrileña encontrarían a la muerte en forma de una espantosa explosión.

El lugar de las explosiones fue muy lejos del Perú, pero la tragedia fue muy cercana. Entre las víctimas se encontraban cuatro de nuestros compatriotas que, al precio de alejarse de sus familias o de sus hijos pequeños, intentaban forjarse un mejor porvenir en España.

Vaya este post como un sencillo homenaje a la memoria de Neil Hebe Astocóndor Masgo, Carlos Marino Fernández Dávila, Juan Antonio Sánchez Quispe y Jaqueline Contreras Otiz.

miércoles, marzo 09, 2005

A mis amigos...

Image hosted by Photobucket.comMi homenaje a los compañeros de esta vida, tan corta, tan larga. Representantes de este malhadado signo, a quienes, por pretender conocer mucho, no conozco nada y que por creer conocer poco, termino conociendo demasiado. Incansables seguidores de este Joaquín, al que cada día le ponen más discos encima. Mitades sin mitad. Viajeros de madrugada en este bus que a veces, como la vida, llega antes que nosotros y nos pasa de largo.

martes, febrero 22, 2005

El flautista de Famelin (Cuento perdido)

(Al anónimo virtuoso de una de las tantas cuadras de la avenida La Marina)

Era una rutinaria salida de clases en la facultad, y como siempre a las doce y media en los paraderos de buses, colmados por estudiantes, se respiraba esa atmósfera que era una mezcla de insoportable calor y alpinchismo universitario. En medio de ese anónimo conglomerado, futuro del país, había algo que no encajaba, que no debería estar allí. Por lo menos así lo entendían dos chicas que miraban casi con asco a un tipo que frente a ellas acariciaba a un perro callejero, que en ese momento tampoco debería haber estado allí.

El desubicado, y acariciante de perros con sarna, traía una camisa en los puros hilos, de seguro de tanto lavarla, pues no estaba sucia; y debajo una tela descolorida y ancha que alguna vez fue un blue jean. Uno de los grupos de estudiantes estalló en risas y aplausos a causa del último chiste acerca del director académico de la facultad. El ruido trajo de su retraimiento al desubicado, que dejaba de acariciar al perro con sarna, levantando la mirada y dando la impresión de recién caer en la cuenta de que no estaba solo con el chusquito, que ahora corría espantado, temiendo que le cayera encima el inmenso libro de estadística que una de las chicas levantaba sobre su cabeza, amenazante.

El tipo se puso de pie, no era muy alto, y se colocó hasta el sardinel de la acera. Traía una mochila, eso sí era una ofensa para los insignes universitarios, especialmente para las dos chicas. No vayan a pensar que ése estudia con nosotros. Los murmullos cesaron cuando de su mochila, el desubicado, que definitivamente no estudiaba con ellos, sacó un pedazo de tubería para cañería PVC, con agujeros de distintos tamaños y una especie de pito en uno de los extremos. Con mucha imaginación eso resultaba ser una flauta. Intentaba afinarla, pero el último chiste acerca del profesor de filosofía se lo impidió.

Para alivio del anónimo conglomerado, futuro del país, especialmente para las dos chicas, el desubicado, que ahora se iba, tomaba un bus de la línea 48. Esos de todo La Marina, Abancay y fin del mundo.

El bus estaba medianamente lleno y era un híbrido ilustrador de una híbrida sociedad. Tipos hojeando sus diarios deportivos, señoras comentando cuál novela era mejor, colegiales bulliciosos, mamachas con mercadería, secretarias empolvadas casi como mimos, algunos universitarios despreocupados y otros no tanto, y hasta un froter.

La radio del bus estaba a todo volumen y sus parlantes vomitaban una technocumbia que cumplía con todos los requisitos de la antiestética. El chofer, muy a su pesar, la apagó. Luego de agradecer la amabilidad del conductor, y tras una escueta presentación, muy buenas y cordiales, cordiales tardes, un joven estudiante a la vez trabajador y no me des la espalda, sacó de su mochila su instrumento, si así podemos llamarlo, y como primera canción...

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El tipo cerró los ojos, se acercó la flauta a la boca y empezó a tocar. Sus mejillas inflamadas parecían globos de carnaval a punto de reventar, mientras sus dedos acariciaban los agujeros como a la mujer amada. Parecía que en ese momento no era el bus su escenario, ni ese híbrido montón de gente su audiencia, ¿catarsis?, como sea, el flautista viajaba. Imposible saber adónde. A un pequeño rincón de Ayacucho, o alguna de las tantas casitas de esteras en uno de los tantos cerros limeños, o hacia cholitos sonrientes, o quizá al momento cuando acariciaba al perrito sarnoso. Imposible saber adónde. Y como segunda canción...

Las melodías alegres dieron paso a lastimeras cadencias, ¿adónde habría viajado el flautista?, debió haber sido triste, tan triste como para que la flauta llorara con él. A un pequeño rincón de Ayacucho donde un día llegó la muerte en forma de hoz y martillo, o hacia alguna de las tantas casitas de esteras desalojadas brutalmente en uno de los tantos cerros limeños, o hacia cholitos sonrientes pero carcomidos por la tuberculosis, o quizá hacia el momento en que el perrito huía despavorido ante la insensible amenaza de veintidós capítulos de estadística. Imposible saber adónde.

El flautista concluyó y regresó al mundo, al anárquico tránsito de la avenida La Marina, al bus. Guardó la flauta en su mochila y (aquí llega la parte de no me des la espalda) sacó una especie de alforja y pidió una colaboración que a él no lo llevaría a la riqueza ni a nosotros a la pobreza. Pero el híbrido ya estaba cansado de tantas sombras, (que alguna vez fueron personas subempleadas), que suben a los buses con la misma cantaleta. Y así, pasó al lado de los tipos que no despegaban la vista de sus diarios deportivos, de las señoras enfrascadas en una importante discusión sobre si el hijo de la chica de la novela era del galán o no, de los colegiales aún más bulliciosos, de las mamachas que miraban con recelo su mercadería... porque uno nunca sabe, de las secretarías que se seguían empolvando y de los universitarios despreocupados y de los universitarios no tan despreocupados, sin obtener un sólo céntimo. Sólo el solitario froter dejó de lado su corporal ocupación para darle al flautista veinte céntimos. Fue lo único que recibió.

Eran casi las dos de la tarde cuando el flautista de Famelin bajó del bus y se perdió entre la interminable fila de autos en el cruce de La Marina y Sucre, y tal vez eran las dos de la tarde cuando el flautista de Famelin se dio cuenta de que tenía que lidiar con ratas verdaderamente duras. (Noviembre de 1997)

*Fotografía de Domingo Martínez