miércoles, octubre 03, 2018

Postrimerías

No he venido a libertarte de tu cárcel.
He venido a encerrarme contigo.

En mis alforjas no cargo bálsamos.
Están todas llenas de sal.

No tengo las manos iluminadas
del amanecer que prodigabas.
Antes.

He olvidado las palabras
que engendraban tus sueños.
A decir verdad, lo he olvidado todo.

Tan solo recuerdo el lugar donde escondí
los huesos del chico dulce
que conociste alguna vez.

jueves, agosto 30, 2018

A quien corresponda

No aspiro a ser nada
en tu vida.

Solo la humedad repentina
entre tus piernas.

Ese recuerdo inopinado
que te deja mirando el vacío.

El trocito de pasado enojoso
que sonrosa tus mejillas.

La canción que siempre escuchas
cuando te pones ebria.

El íncubo que te visita en sueños
y te abandona al alba.

La mariposa que, de cuando en cuando,
aletea en tu tripa

Ese íntimo instante
en el que te muerdes los labios.

Algo pequeño, insignificante,
que es apenas nada.

Que lo fue todo

martes, enero 09, 2018

La ola

Su relación con la tristeza era una situación extraña. Algo parecido a una ola silenciosa, que llegaba en medio de un hermoso día de playa, sin que nada la hiciera presagiar. Sin que nadie se diera cuenta, sin aviso. Y cuando llegaba no había reacción posible. Era arrastrado inevitablemente hasta el fondo. La agonía de no poder respirar, de sentir la sal del agua llenando sus pulmones mientras las fuerzas poco a poco lo abandonaban no era lo peor. Lo peor era la certeza de saber que no iba a ahogarse. Sabía que estaba privado del privilegio de hundirse lentamente en el mar del olvido y hallar el consuelo del lecho marino. El consuelo de un final silencioso. Tan silencioso como su sufrimiento. La certeza de que estaba condenado a sobrevivir. A salir milagrosamente a flote. Solo para escupir el agua a duras penas, ponerse de pie y esperar la siguiente ola.