No ha sido el mar de lágrimas
que parieron tus ojos.
Ni siquiera tu voz rogándome
que no sea malo.
No ha sido el remordimiento
hambriento de mi tripa.
Ni tampoco el asqueroso reflejo
en mi espejo.
Lo que en verdad me mata
es la maldita certeza.
La maldita certeza
de que lo volvería a hacer.
Zamba azul
Hace 11 horas
