lunes, agosto 08, 2011

Arcada

El Queirolo habrá quedado en pie
cuando todo lo demás sucumba
a la resaca de nuestros adioses.

Futilidad embotellada en intento
de hacer más borrosa tu estela
en esa vieja esquina de Camaná.
 
Golpeé a la mesa para espantar
recuerdos que bebían a costa mía.
Todos se fueron, menos el tuyo.

Lo oigo pedir otras dos cervezas
mientras veo un grafiti en el baño
tan indeleble como lo eres tú. 

Ya ni siquiera siento tristeza, 
sino apenas una arcada silenciosa
que me hace vomitar el corazón.