sábado, abril 02, 2005

El último viaje de un incansable peregrino...

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Mientras escribo este post uno de los hombres más trascendentales para la historia de la humanidad –más allá del catolicismo o del cristianismo– se encuentra agonizando en Roma.

No compartí muchas de las cosas que se promovieron o vetaron durante el papado de Juan Pablo II, pues creo, por ejemplo, en el control responsable de la natalidad, en la teología de la liberación, en el uso del condón para evitar enfermedades, en la píldora del día siguiente y en muchas otras cosas que la derecha conservadora católica, a la cual Juan Pablo II fue bastante cercano, condenó. Sin embargo, aunque es el único Papa que he visto, soy un firme convencido de que no habrá un heredero de Pedro más destacado que el polaco Karol Wojtyla. El acercamiento que logró el Papa con la gente de a pie, esa misma que hoy llora porque siente partir a alguien que es parte de ella, hará que este hombre sea difícilmente igualado.

Su inacabable labor evangelizadora fuera de los linderos de El Vaticano, en los cuales solían enclaustrase sus antecesores, fue impresionante teniendo en cuenta su edad, su constantes problemas de salud e incluso el atentado que sufrió en 1981. Fueron más de un centenar los viajes que realizó el Santo Padre durante 26 años de Pontificado, en los cuales recorrió mil 163, 865 kilómetros. Y es que el Papa siempre buscó estar cerca de su rebaño y se preocupó de hablarle en su propia lengua, para lo cual aprendió más de veinte idiomas, e incluso algunos dialectos. En Cusco todavía recuerdan cuando el Papa pronunció su discurso en quechua.
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Pero el Papa no sólo cruzó las fronteras de los países, sino también las de las religiones. Sus esfuerzos ecuménicos fueron inmensos y sin precedentes. Buscó acercamientos con diversos líderes de Iglesias distintas a la Católica, en la búsqueda del sueño de un solo gran pueblo cristiano, yendo incluso a contracorriente del sector conservador de El Vaticano. Hace poco escuchaba a un conocido rabino peruano que comentaba que Juan Pablo II no formaba únicamente parte de la historia de la Iglesia Católica, sino que también lo era del pueblo judío. Y está fresca en la memoria la imagen del Santo Padre orando frente al Muro de las Lamentaciones, el lugar sagrado por excelencia para los judíos, donde pidió perdón a Dios por cuantos en la historia han causado sufrimiento a los hijos de Abraham. Así, Juan Pablo II fuel el primer Papa en visitar una sinagoga, una iglesia protestante y una mezquita.
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Juan Pablo II se convirtió también en un luchador incansable contra el criminal régimen comunista en Europa Oriental y uno de los principales artífices de su caída con el muro de Berlín. Eso le pudo costar la vida cuando el turco Alí Agca, seguramente manipulado por alguna célula comunistoide, le disparó a quemarropa. Una bala le atravesó el vientre y estuvo a punto de matar al Papa. El sicario, a quien seguramente Juan Pablo II perdonó apenas recibió los disparos, recibió en su celda la visita del propio Santo Padre, con quien charló por largo tiempo.

Defensor inquebrantable de la paz, los derechos humanos y la proscripción de la intolerancia religiosa, “Juan Pablo El Grande” surgido de los círculos clandestinos religiosos de una Cracovia ocupada, viaja ya hacia la eternidad.

3 comentarios:

iChThYoRnIs dijo...

Supongo, como católico que soy, que el mejor homenaje que Wojtyla hubiera aceptado, sería el de continuar su labor. Y esto debe darse en lo grande como en lo pequeño. Los más grandes gestos de Cristo lo constituyen los más pequeños detalles de amor al prójimo.
Uno de mis sueños fue llevar a mis padres a conocer al Papa Juan Pablo II. Nunca lo logré y al parecer ya no es posible.
Se va el primer Papa que de mi corta vida.

Por cierto amigo, muy bueno tu cuento. Te visitaré más seguido.

bryda dijo...

ciertamente ha desaparecido un personaje historico,un mediador mundial en la paz entre los pueblos,un gran hombre en definitiva

impazziti dijo...

y a mi me gusta viajar...